Cuando la participación ciudadana cambia el debate sobre las energías renovables
La noticia del
inicio de la instalación del parque eólico de Labraza supone mucho más que la
puesta en marcha de una nueva infraestructura energética. Representa un ejemplo
de colaboración entre iniciativa privada, instituciones públicas y
participación ciudadana, una fórmula que puede marcar el camino para futuros
proyectos de transición energética.
Durante años, el parque eólico de Labraza fue presentado como un proyecto
incompatible con la protección del paisaje de Rioja Alavesa. Como ha sido una
constante de algunos partidos políticos, entre ellos EH Bildu, y movimientos ciudadanos
de su órbita, la oposición a estos proyectos se ha manifestado en movilizaciones,
presentación de recursos, alegaciones etc.etc. solicitando expresamente su paralización,
apelando al impacto ambiental, patrimonial y paisajístico.
En el caso del proyecto de Labraza, una vez pasado todos los trámites
administrativos y ambientales exigidos por la legislación vigente, el propio
Ayuntamiento de Oion, ha resuelto conceder las autorizaciones necesarias al reconocer
que no existía base jurídica para impedir su ejecución.
Todo ello ha supuesto años de recursos, alegaciones y confrontación social mientras Euskadi continúa dependiendo en gran medida de la energía producida fuera de nuestro territorio. Una realidad difícilmente compatible con el objetivo, tantas veces proclamado, de avanzar hacia una mayor soberanía energética.
La oferta de inversión ciudadana vinculada al parque eólico, por parte de Iberdrola, socia de Aixeindar junto al Gobierno Vasco, ha despertado un interés muy superior al previsto. La demanda prácticamente ha duplicado el capital que se pretendía captar y una parte significativa de los inversores procede precisamente del entorno más próximo al proyecto.
Sería fácil concluir que quienes ayer se oponían al proyecto
hoy son quienes quieren invertir en él. Pero sería una conclusión que no
podemos sostener con los datos disponibles. Pero si cuestiona la idea de que el
rechazo social unánime e inamovible que algunos predicaban fuese tal y como
argumentaban. Lo que nos permite abrir una reflexión de mayor alcance.
Cuando hablamos de transición energética uno de los desafíos debe ser
explicar los beneficios ambientales de las energías renovables. Pero al margen
de esto, que también, el reto debe ser conseguir que las comunidades donde se implantan
estos proyectos participen de forma directa en los beneficios económicos que
generan.
La pregunta
que nos hacemos es ¿habría habido tanta oposición si desde el principio los
vecinos hubieran podido participar también de los beneficios del proyecto?
Al hacer partícipes de la inversión a los vecinos estos dejan de ser meros
espectadores al convertirse en partícipes de la inversión. Su percepción cambia,
y estos proyectos necesarios para la transición energética no solamente es
percibida como un sacrificio impuesto a una comunidad. Los vecinos de Labraza,
Barrioibusto y Oyon así lo han entendido
Aunque veinte años después, los parques eólicos vuelven a ser una pieza en
el engranaje de la transición energética. El caso de Labraza demuestra que
existen fórmulas capaces de compatibilizar la protección del territorio con la implicación
de la ciudadanía.
Este proyecto nos enseña que construir un parque eólico, puede y debe ser
con el consenso social necesario para hacerlo posible. Una política colaborativa
entre capital público y privado, donde los vecinos formen parte de estas
iniciativas puede ser una de las mejores fórmulas para otros proyectos que aún están
siendo cuestionados
Labraza probablemente marque un antes y un
después. No porque desaparezcan los debates ambientales, que seguirán siendo
necesarios, sino porque demuestra que el consenso también puede construirse
compartiendo los beneficios que generan las grandes infraestructuras.
La transición energética necesita molinos, pero también
necesita confianza. Y esa confianza difícilmente se consigue enfrentando a las
comunidades con los proyectos que llegan a su territorio. Se consigue
haciéndolas partícipes de ellos. Quizá esa sea la principal lección que deja
Labraza y una de las claves para desbloquear otros proyectos estratégicos que
Euzkadi seguirá necesitando durante los próximos años.

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