4 jul 2026


Cuando la participación ciudadana cambia el debate sobre las energías renovables

La noticia del inicio de la instalación del parque eólico de Labraza supone mucho más que la puesta en marcha de una nueva infraestructura energética. Representa un ejemplo de colaboración entre iniciativa privada, instituciones públicas y participación ciudadana, una fórmula que puede marcar el camino para futuros proyectos de transición energética.

Durante años, el parque eólico de Labraza fue presentado como un proyecto incompatible con la protección del paisaje de Rioja Alavesa. Como ha sido una constante de algunos partidos políticos, entre ellos EH Bildu, y movimientos ciudadanos de su órbita, la oposición a estos proyectos se ha manifestado en movilizaciones, presentación de recursos, alegaciones etc.etc. solicitando expresamente su paralización, apelando al impacto ambiental, patrimonial y paisajístico.

En el caso del proyecto de Labraza, una vez pasado todos los trámites administrativos y ambientales exigidos por la legislación vigente, el propio Ayuntamiento de Oion, ha resuelto conceder las autorizaciones necesarias al reconocer que no existía base jurídica para impedir su ejecución.

Todo ello ha supuesto años de recursos, alegaciones y confrontación social mientras Euskadi continúa dependiendo en gran medida de la energía producida fuera de nuestro territorio. Una realidad difícilmente compatible con el objetivo, tantas veces proclamado, de avanzar hacia una mayor soberanía energética.

La oferta de inversión ciudadana vinculada al parque eólico, por parte de Iberdrola, socia de Aixeindar junto al Gobierno Vasco, ha despertado un interés muy superior al previsto. La demanda prácticamente ha duplicado el capital que se pretendía captar y una parte significativa de los inversores procede precisamente del entorno más próximo al proyecto.

Sería fácil concluir que quienes ayer se oponían al proyecto hoy son quienes quieren invertir en él. Pero sería una conclusión que no podemos sostener con los datos disponibles. Pero si cuestiona la idea de que el rechazo social unánime e inamovible que algunos predicaban fuese tal y como argumentaban. Lo que nos permite abrir una reflexión de mayor alcance.

Cuando hablamos de transición energética uno de los desafíos debe ser explicar los beneficios ambientales de las energías renovables. Pero al margen de esto, que también, el reto debe ser conseguir que las comunidades donde se implantan estos proyectos participen de forma directa en los beneficios económicos que generan.

La pregunta que nos hacemos es ¿habría habido tanta oposición si desde el principio los vecinos hubieran podido participar también de los beneficios del proyecto?

Al hacer partícipes de la inversión a los vecinos estos dejan de ser meros espectadores al convertirse en partícipes de la inversión. Su percepción cambia, y estos proyectos necesarios para la transición energética no solamente es percibida como un sacrificio impuesto a una comunidad. Los vecinos de Labraza, Barrioibusto y Oyon así lo han entendido

Aunque veinte años después, los parques eólicos vuelven a ser una pieza en el engranaje de la transición energética. El caso de Labraza demuestra que existen fórmulas capaces de compatibilizar la protección del territorio con la implicación de la ciudadanía.

Este proyecto nos enseña que construir un parque eólico, puede y debe ser con el consenso social necesario para hacerlo posible. Una política colaborativa entre capital público y privado, donde los vecinos formen parte de estas iniciativas puede ser una de las mejores fórmulas para otros proyectos que aún están siendo cuestionados

Labraza probablemente marque un antes y un después. No porque desaparezcan los debates ambientales, que seguirán siendo necesarios, sino porque demuestra que el consenso también puede construirse compartiendo los beneficios que generan las grandes infraestructuras.

La transición energética necesita molinos, pero también necesita confianza. Y esa confianza difícilmente se consigue enfrentando a las comunidades con los proyectos que llegan a su territorio. Se consigue haciéndolas partícipes de ellos. Quizá esa sea la principal lección que deja Labraza y una de las claves para desbloquear otros proyectos estratégicos que Euzkadi seguirá necesitando durante los próximos años.

 

 


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