¿Marcha Verde II? La inmigración como instrumento de presión geopolítica
Cíclicamente se producen hechos que se repiten con episodios
similares a los que han provocado estos dias una crisis migratoria de gran
calado. Asi en 2005
(Ceuta y Melilla), 2014 (Tarajal), 2018, 2021, 2026. Cada cierto
tiempo la historia parece repetirse. Miles de personas intentan acceder
irregularmente a Ceuta o Melilla en apenas unas horas. Imágenes de caos, administraciones publicas desbordadas carentes de respuestas de emergencia, y
Europa preguntarse, una vez más, si está preparada para proteger su frontera
sur.
Las hemerotecas recuerdan la crisis de Ceuta de 2021, cuando miles de
personas cruzaron la frontera después de que Marruecos relajara sus controles en plena crisis diplomática con España. Hoy vuelven a aparecer imágenes
similares y la pregunta resulta inevitable: ¿estamos asistiendo a una nueva
utilización de los flujos migratorios como instrumento de presión política?
Las sucesivas
crisis migratorias y la propia hemeroteca muestran un patrón que numerosos
analistas interpretan como la utilización del control fronterizo por parte de
Marruecos como instrumento de presión diplomática de 'zona gris'.
Un par de datos: Históricamente,
cada acercamiento del Gobierno español a Argelia (suministrador de gas) o
cualquier gesto percibido como hostil por Rabat (como la atención médica al líder del Frente Polisario en 2021) ha desencadenado una "relajación"
inmediata del control fronterizo marroquí. A su vez, cuando Pedro Sánchez apoyó el plan de autonomía marroquí para el Sáhara en 2022, el conflicto diplomático
se trasladó a las relaciones con Argelia, pais con el que España ha recuperado recientemente
su interlocución
Pero circunstancia que puede afectar y ser una posible causa de la
pasividad con la que el gobierno marroquí ha actuado en esta crisis sea que, en 2020, EE. UU. reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de la normalización de relaciones de Marruecos con Israel (Acuerdos de Abraham).
Las ultimas
declaraciones del presidente de Trump. El bautizo de la arteria de más de 1.000 km entre Tiznit y Dajla como «Autopista Presidente Donald J. Trump» es un guiño
explícito para blindar el apoyo de Washington y reforzando alianzas
estratégicas con Israel. En ese tablero geopolítico, el control de la frontera
sur de Europa constituye un instrumento de enorme valor diplomático.
Si esta hipótesis que se ha instalado en diversos medios fuera cierta el
verdadero debate dejaría de ser exclusivamente migratorio para convertirse
también en un problema de seguridad y política exterior
A este escenario se añade otro factor reciente: la sentencia del Tribunal Supremo que limita la aplicación del denominado "rechazo en frontera" para quienes acceden a Ceuta nadando. El Alto Tribunal dictamina que la a
Disposición Adicional Décima de la Ley de Extranjería habla del rechazo de
quienes intentan entrar superando los elementos físicos de contención
fronteriza.
Estos elementos son las vallas, muros o barreras físicas. Pero quien llega
nadando no supera una valla, sino que entra por vía marítima. Por tanto, ya no
puede aplicársela el rechazo inmediato, sino el procedimiento ordinario de
devolución previsto en el artículo 58 de la Ley de Extranjería, con las
garantías correspondientes (identificación, asistencia letrada, posibilidad de
solicitar protección internacional, resolución administrativa, etc.).
El propio
Supremo sugiere que, si la ley menciona "elementos de contención", el
Estado tendría que desplegar barreras o estructuras marítimas homologadas para
poder aplicar jurídicamente el rechazo inmediato en el agua.
Por otro lado,
es absolutamente erróneo pensar que las crisis migratorias se detendrán mediante
transferencias de financiación a los Estados de origen, en este caso Marruecos,
o plegándose a las exigencias de cada momento. Mientras Rabat pueda abrir o
cerrar el grifo migratorio cuando exista una tensión diplomática, España
seguirá viviendo crisis periódicas.
Financiar a un
pais para que haga de guardián de costas y ciudades como Ceuta y Melilla,
genera dependencia hacia ese pais, y supone delegar en un tercer Estado una
parte esencial del control efectivo de las fronteras exteriores de España y,
por extensión, de la Unión Europea. Y si cuando las arcas o apetencias de ese
pais, cambian, y sus compromisos son incumplidos, sin consecuencias seguirá utilizando
deliberadamente los flujos migratorios para obtener ventajas diplomáticas.
Por ello, para
romper esta dinámica seria necesario desactivar la capacidad de Marruecos para usar
la frontera como una baza política. Utilizar la utilización de la desesperación de sus ciudadanos, en lugar de luchar contra el desempleo juvenil, la desigualdad
social que lanzan a los jóvenes marroquíes a buscarse una vida nueva, en
aventuras que pueden acabar con su propia vida
Las crisis
migratorias no se detendrán únicamente con medidas policiales ni con
concesiones diplomáticas aisladas. Los medios de opinión verbalizan la
necesidad de europeizar las fronteras de Ceuta y Melilla con la integración plena
en la Unión Aduanera y espacio Schengen elevando la frontera de “española” a “europea”.
Mientras la
frontera sur de Europa siga dependiendo, en gran medida, de la voluntad
política de un tercer país, seguiremos asistiendo periódicamente a nuevas
crisis. Cambiarán las fechas y las circunstancias, pero las imágenes volverán a
repetirse.
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