24 jul 2026

La libertad incompleta 


A pesar de los días transcurridos de la final del Campeonato Mundial de fútbol, seguimos sorprendidos por artículos, y articulistas, más que por lo que callan, que por lo que dicen.

Este es el caso del artículo editado ayer, por cierto medio de comunicación, donde vuelve a insistir en un principio que compartimos sin reservas: nadie puede ser agredido, amenazado o intimidado por portar una camiseta, una bandera o expresar pacíficamente sus ideas. La violencia merece una condena sin matices. Reflexiones que difícilmente puede existir discrepancias.

Pero nos sorprende, si ya algo nos puede sorprender en los editoriales de estos últimos dias, cuando su reflexión comienza presentándose como defensora de la libertad, aunque sea libertad parecería tener un único destinatario.

¿Y la libertad de miles de vascas y vascos, que ven cercenada su derecho a expresar sus deseos de que sus selecciones puedan competir en igualdad con las selecciones españolas?

Libertad para unos, exige el articulista, Begoña Beristain, en su crónica “ni perdón ni permiso”. Sin hacer una sola mención a quienes defienden espiraciones por vías exclusivamente democráticas. Tampoco al hecho de que puede condenarse con la misma contundencia cualquier agresión, y al mismo tiempo, defender esa reivindicación nacional.

Hoy mismo, en paginas de otro medio de comunicación, Javier Zarzalejos vuelve a la carga, intentando confundir a los lectores en los mismos términos, y, ya de paso, atacando al euskera, a la Korrika, etc.etc., haciendo un totum revolutum, con el único objetivo de desprestigiar ideas o sentimientos que democráticamente están en el fondo de miles de ciudadanas vascas y vascos.

Por negación, no admiten que hay una reivindicación histórica y democrática respaldada reiteradamente por una amplia mayoría del Parlamento Vasco, que reclama el reconocimiento internacional de la Euskal Selekzioa. Para estos articulistas, ese debate simplemente no existe.

Hablan de violencia, de intolerancia y de fascismo, pero el debate intentando desacreditar la voluntad de cientos de miles de ciudadanos, asociándolo a esos comportamientos. Obviando que la inmensa mayoría de quienes reivindican la oficialidad de la selección vascas, la Euskal Selekzioa de fútbol entre ellas, no insultan, no agreden y no intimidan a nadie.

Reducir todo el debate a la libertad de vestir una camiseta española, olvidando la libertad de defender una selección vasca oficial, supone convertir una reflexión sobre derechos en un discurso parcial.

La libertad no consiste únicamente en celebrar los éxitos de España. También consiste en poder reivindicar pacíficamente la existencia deportiva de Euzkadi sin que esa aspiración sea permanentemente contaminada por comportamientos que pertenecen exclusivamente a quienes ejercen la violencia.


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23 jul 2026

La violencia no puede ser la coartada

Seguimos inmersos en la resaca provocada por la final del Mundial de Fútbol, y sus derivadas sociales, pero también políticas. Y en este aspecto hay quienes se empeñan en mezclar dos debates completamente distintos con el único objetivo de conseguir que uno termine contaminando al otro.

Nadie desde una posición democrática puede justificar una agresión, una amenaza o un acto de intimidación. La violencia debe ser condenada. Sean quienes sean los autores. Y esto debe ser una regla básica

Nos debería llevar a la preocupación que haya quienes pretenden utilizar incidentes violentos como argumento para desacreditar una reivindicación democrática como lo es el reconocimiento de la Euzkal Selekzioa. Sin embargo, hay ciertos medios de comunicación que se empeñan en ofrecer titulares con palabras “violencia”, “radicales” “hostigamiento” y “selección vasca”, intentando asociarlas con quienes protagonizaron distintos actos de violencia

En definitiva, da la impresión, de que se intenta asociar esta reivindicación, con los sucesos acaecidos, en lugar de instar a un debate sobre el derecho de una nación deportiva a competir internacionalmente.

Escuchamos proclamas apelaciones a la libertad para celebrar los existo de la selección española (la “roja). Y, si, estamos de acuerdo en que cualquier ciudadano vasco tiene el derecho legítimo a sentirse representado por otro Estado vecino, vestir su camiseta, o instalar pantallas gigantes (siempre con el permiso de la autoridad competente), para celebrar un Mundial de Fútbol, donde su selección esta presente.

Pero, tienen los que se rasgan las vestiduras y piden gritos de libertad suficientemente carga moral para ello, ¿cuando son ellos mismos los que niegan por activa y pasiva que otros ciudadanos vascos puedan tener los mismos derechos? ¿Cómo puede alguien demandar libertad cuando la niega y se batallan en contra del deseo de sus vecinos? Acaso se olvidan que la igualdad se demuestra cuando se defienden, también, los derechos de quienes no sienten lo mismo?

Libertad si. Pero resulta incongruente escuchar que reivindicar la selección vasca supone dividir a la sociedad, sin cuestionar en modo alguno España represente oficialmente a una parte de esa misma ciudadanía. ¿¿Quién divide a quién??

Miles de vascos no sienten la selección española como propia. Y no, no es por odio ni rechazo hacia nadie, Simplemente porque consideramos que nuestra identidad nacional no la representa. Es más, nos excluye del ámbito deportivo, negando el derecho repetido por las fuerzas políticas, en distintas ocasiones en el Parlamento Vasco.

“Dividir la sociedad”. Frase que se ha convertido en un slogan para frenar continuamente lo que una gran mayoría social, en los distintos ámbitos sociales y políticos, reclama y viene reclamando desde hace décadas.

Quien divide a quien? Aquellos que, desde una posición de fuerza que les da sus tribunas en el Parlamento español, ¿niegan reiteradamente reclamaciones de la gran mayoría de la sociedad vasca?

Ser vasco es tan legitimo como ser español, francés, etc,etc. Pero hay quienes deciden, por otros, cuál es su identidad en base a un documento (otros podrían aducir que el NIF contempla una fecha de caducidad). “tú eres español…”. Es decir, los que se arrogan ser los adalides de la libertad imponen a otros su propia y legitima identidad.

Como ya hemos comentado, hay un hecho fundamental y es que la oficialidad de las selecciones vascas no es una mera ocurrencia de un grupo radical. Ha sido respaldada por una amplísima mayoría de ciudadanos vascos. Más del 75% de la representación parlamentaria ha defendido este objetivo. Y un 25% se ha posicionado en contra. Esto es una realidad.

Deberíamos decir, entonces, y en pura lógica aritmética, que esa minoría representada por el 25%, demandante de libertad para poder expresar libremente sus sentimientos, niegan reiteradamente al resto lo que ellos reclaman? ¿Acaso aprovechar las instituciones del Estado en su propio beneficio no es otra forma de violencia? Convertir ahora esa aspiración democrática en el telón de fondo de unos altercados protagonizados por unos pocos no supone un ejercicio de manipulación política difícil de disimular. ¿¿No es esto también violencia, aunque sea de guante blanco??

Los mismos que han instado a las instituciones municipales a instalar pantallas gigantes para ver a su selección de futbol, harán lo propio cuando una selección vasca, de pelota, rugby, ¿¿etc.etc reconocidas internacionalmente jueguen una final?? La respuesta es obvia: NO

Para unos la libertad de poder elegir es un derecho. Otro creemos que es un privilegio para algunos. Para los mismos que nos niegan ejercer ese derecho.


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22 jul 2026

Ni ocultación ni criminalización 

Ni ocultar los datos ni criminalizar a la inmigración

Nuevamente se presenta ante la ciudadanía el debate sobre si los datos sobre delincuencia deben ser ocultados para evitar discursos que pueden alimentar criminalización de una parte de la sociedad, en este caso de la inmigración, o, en cambio, y por ese motivo, debería prevalecer un ejercicio de transparencia asumiendo el riesgo de ser utilizados para presentar la inmigración como un problema de seguridad.

La información publicada en medios de comunicación, según la cual cuatro de cada diez personas condenadas en Euzkadi durante el último año eran de nacionalidad extranjera, reabre este debate

Los datos publicados proceden del Instituto Nacional de Estadística (INE) y hacen referencia a sentencias firmes, no a simples detenciones o investigaciones policiales. Son datos oficiales, y en aras a un ejercicio de transparencia, deben ser conocidas. Nadie puede decidir qué datos deben ser compartidos con la sociedad y cuáles no. La transparencia institucional exige conocer la realidad tal y como es.

Que cada cuatro de cada diez condenados sean extranjeros, no significa que cuatro de cada diez inmigrantes son delincuentes. Significa, exclusivamente, que entres las personas condenadas ese es el porcentaje de ciudadanos de nacionalidad extranjera. Y ese es un matiz que cambia la interpretación del dato.

Hay una realidad imperante. La mayoría de las personas migrantes que residen en Euzkadi, trabajan, pagan sus impuestos, forman un familia, aceptan las normas comunes y nunca tendrán relación alguna con la Justicia penal. Por eso seria muy profundamente injusto convertirlas en sospechosas, simplemente por el hecho de compartir nacionalidad, origen, religión, etc. con una minoría de delincuentes.

Pero ocultar estos datos, puede aumentar la desconfianza de una parte de la sociedad y generar discursos basados en prejuicios o percepciones que en nada están basados en datos reales, alimentando discursos xenófobos o de odio hacia una parte de la población. Estas sensaciones solamente se combaten con transparencia. Y las estadísticas están para identificar una realidad al objeto de poder orientar las políticas sociales.

Quizá el verdadero ejercicio de transparencia no consista únicamente en publicar un dato impactante, sino en ofrecer a la ciudadanía toda la información necesaria para comprenderlo. Reducir un fenómeno tan complejo únicamente a la nacionalidad supone ofrecer una explicación tan sencilla como insuficiente.

Los datos que deberíamos tener muy presente es el peso que representa la delincuencia extranjera respecto a la población inmigrante, que, como decíamos, trabaja y vive, dentro del conjunto de la sociedad vasca. Y no utilizar una estadística como arma arrojadiza.

Reiteramos: ocultar los datos genera desconfianza, pero utilizarlos para criminalizar a todo un colectivo alimenta el miedo y rompe la convivencia.

Entre ambos extremos existe un camino mucho más responsable: el de la transparencia, el contexto y el rigor.

 


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21 jul 2026

La buena gestión no sustituye a la construcción nacional

Las naciones no desaparecen: se diluyen como un azucarillo en un vaso de agua

Este lunes, el diario Gara, en su editorial publicada por Iñaki Egaña, retrata la cotidianidad de hechos que traspasan más allá de su trivialidad. La imagen de un cliente en un restaurante en Donostia pidiendo un euskal pastela, y recibiendo en su lugar una tarta de queso, con la excusa de que, hoy, para el mercado eso es una euskal pastela, aunque su elaboración tradicional, ingredientes, etc, no tengan parecido alguno. Es lo que pide el mercado.

Más allá de la reflexión gastronómica que plantea Iñaki Egaña, creo que esa metáfora invita a preguntarnos si algo parecido está ocurriendo con nuestra propia identidad colectiva, sustituida por una realidad donde la memoria cultural y la identidad de un pueblo están siendo sustituidos en este lento proceso de integración globalizador.

Nuestras instituciones han demostrado sobradamente su capacidad para gestionar y mejorar la vida cotidiana de las vascas y de los vascos. Pero, quizás, por priorizar esa gestión se ha ido relegando la construcción de una conciencia nacional de Euzkadi. Gestionar es necesario e imprescindible, pero no suficiente para preservar una personalidad colectiva

En las últimas décadas nos hemos volcado en consolidar niveles de bienestar, estabilidad y autogobierno económico indiscutibles. Pero en el camino corrimos el riesgo de asumir que la "construcción nacional" se reducía a la mera gestión presupuestaria, descuidando el relato, la transmisión cultural y la formación de una conciencia nacional sólida en las nuevas generaciones.

Podríamos decir, sin miedo a equivocarnos, que nos hemos convertido en meros gestores, eso sí, con excelentes resultados, pero en el camino quizás no hayamos atendido suficientemente la traslación a las generaciones actuales, de los factores que componen nuestra identidad.

Euzkadi recibe cada año miles de nuevos vecinos procedentes de muy distintos lugares del mundo. Esa realidad se convierte en un reto de integración. Pero integrar no puede significar únicamente facilitar el acceso al empleo, la vivienda o los servicios públicos. También debe consistir en hacer partícipes a quienes llegan de nuestra historia, nuestra lengua, nuestras instituciones y nuestra identidad nacional.

Como en el caso de lo que, para nosotros es una metáfora, al igual que la gastronomía corre el peligro de quedar reducida a un elemento turístico desprovisto de tradición —donde el euskal pastela cede su espacio al Basque cheesecake—, en ocasiones corremos el riesgo de que la identidad vasca termine percibiéndose más como una marca de calidad o de consumo más que como un proyecto político vivo, soberano e irrenunciable.

Cuando el movimiento abertzale, en su conjunto, deja de poner en el centro la defensa radical de la lengua, los derechos nacionales y la pertenencia a un pueblo diferenciado, se produce un vacío. Lo ocupan de inmediato las inercias culturales del Estado español y la homogeneización de la globalización.

Hoy empieza a cundir la preocupación entre el ámbito abertzale, de cómo corregir en tres días lo que se ha dejado diluir durante más de una década. Recuperar las identidades perdidas no es labor que se pueda realizar de la noche a la mañana.

Si no queremos que nuestra cultura termine convertida en una simple mercancía folklórica sin memoria, debemos volver al trabajo diario, humilde e incansable: en las escuelas, en la calle, en las instituciones y en el tejido social. La defensa de lo nuestro no es una mirada nostálgica al pasado; es la condición indispensable para tener futuro en un mundo globalizado.

Una identidad compartida no nace por generación espontánea. Requiere voluntad política, pedagogía y un proyecto integrador que invite a quienes llegan a sentirse parte de esta comunidad. Si una sociedad deja de transmitir aquello que la hace singular, corre el riesgo de diluirse lentamente.

Las naciones rara vez desaparecen de un día para otro; normalmente se diluyen poco a poco, como un azucarillo en un vaso de agua, cuando dejan de transmitir a las nuevas generaciones —y a quienes llegan para compartir su futuro— aquello que les da sentido como comunidad


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20 jul 2026

Presentación de la Declaración de Bergara, de la mano de alcaldes del PNV y EH Bildu.

Bergara: donde la memoria se convierte en compromiso

Con motivo del acto celebrado este domingo día 19, en Bergara, y convocado por EAJ-PNV y EH Bildu, reivindicando la nación vasca y nuestro derecho a decidir libre y democráticamente nuestro futuro, volví a leer un magnífico artículo de Iñaki Anasagasti, publicado en Deia en marzo de 2016, en el que rememoraba con profusión de detalles, aquel histórico acto de Bergara del 21 de julio de 1976.

De este artículo recupero el llamamiento:

“El próximo 21 de julio se cumplen 100 años de la promulgación de la ley que constituyó la culminación del proceso abolitorio de los Fueros iniciado el 25 de octubre de 1839.

Aquella ley, dictada sobre un pueblo vencido militarmente, suprimió sus libertades y las instituciones por las que se regía.

Fue tradición constante de las Corporaciones Municipales Vascas, cuando éstas surgían de la voluntad popular, hacer constar corporativamente su unánime protesta en cada aniversario de tan opresiva ley.

Tras 40 años de dictadura, en los que las Corporaciones Municipales, nombradas a dedo por un poder hostil a nuestro Pueblo, han vivido de espaldas a él, un grupo de Ayuntamientos convocados por el de la villa de Vergara, haciendo suya la causa de su Pueblo, asistirán en corporación a un solemne funeral en recuerdo de todos aquellos que han muerto por las libertades vascas.

EL PARTIDO NACIONALISTA VASCO, se adhiere a dicho acto y convoca a sus afiliados, simpatizantes y a todo el Pueblo para que, dejando de lado sus ocupaciones, acudan el próximo día 21, miércoles a las 11 de la mañana, a la iglesia parroquial de Vergara prestando así homenaje con su presencia a todos aquellos que dieron su vida por nuestro Pueblo, recordando al mismo tiempo, a todo el mundo, nuestra voluntad de restaurar las libertades que defendieron nuestros mayores.

Mientras lo leía, reafirmaba mis sentimientos nacionales con episodios y lugares como aquellos que forman parte de nuestra memoria colectiva. Bergara es uno de esos lugares. No por nostalgia, sino porque hay escenarios que recuerdan de dónde venimos y ayudan a comprender hacia dónde queremos caminar.

Aquella generación no disponía de Parlamento Vasco, ni de Gobierno Vasco, ni de Ertzaintza, ni de Osakidetza, ni siquiera de partidos políticos legalizados. Tenía, sin embargo, algo que nunca perdió: la convicción de que Euzkadi debía recuperar sus libertades y volver a gobernarse a sí misma.

Aunque muchos no lo vivimos, por distintas circunstancias aquel día, desde el balcón del Ayto. de Bergara, no por eso hemos dejado de compartir los mismos postulados. Eso no ha impedido que nos sintamos herederos de una forma de entender Euzkadi basada en el humanismo, la democracia, el respeto a las instituciones y la construcción paciente de nuestra soberanía, mediante una herramienta como lo es el autogobierno.

Ese mismo espíritu continúa presente hoy en el artículo primero de los Estatutos Nacionales de EAJ-PNV, cuando afirma en el art. 1 de sus Estatutos nacionales “Euzko Alderdi Jeltzalea-Partido Nacionalista Vasco (EAJ-PNV), fundado por SABINO DE ARANA Y GOIRI, recibe su nombre del lema “JAUNGOIKOA ETA LEGE ZARRA”, expresión que conjuga una concepción trascendente de la existencia con la afirmación de la Nación Vasca, cuyo ser político ha de expresarse a partir de la plena recuperación de su soberanía nacional.”.

Se recordaba el centenario de la abolición foral. Y también se hablaba de libertades, de instituciones propias, y de un pueblo que aspira a recuperar el derecho a gobernarse conforme a su propia voluntad.

Este domingo fuerzas abertzales de distintas sensibilidades políticas y estrategias distintas se ha reunido en Bergara para nuevamente, como aquel 1976, reivindicar la existencia de la nación vasca, como ser político y su derecho a decidir libre y democráticamente su futuro sin que los límites jurídicos o las razones de Estado impidan que la voluntad democrática de la ciudadanía vasca pueda ser escuchada y canalizada mediante el acuerdo

Al firmar conjuntamente la 'Declaración de Bergara', ambas formaciones han demostrado que comparten un suelo político común: la reivindicación de Euzkadi (Euskal Herria) como nación y la defensa del derecho a decidir como una necesidad democrática actual. Esta conmemoración ha evidenciado que, por encima de las siglas, existe una visión compartida sobre la legitimidad de los derechos históricos y la urgencia de avanzar hacia la plena soberanía.

Esta alianza municipalista demuestra que, cuando se trata de defender el autogobierno frente al Estado y de reclamar que el futuro vasco se decida sin límites jurídicos, las discrepancias ideológicas pasan a un segundo plano para ceder el protagonismo a los mínimos democráticos compartidos.

 

 


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19 jul 2026

Cuando el respeto solo juega con una camiseta

Vivimos en una vorágine futbolística, donde los sentimientos de pertenencia se exaltan en demasía, y donde los que, en sus discursos sempiternos acusan a otros de tener problemas identitarios, enardecen de fervor patrio cuando la roja consigue que el balón se cuele en la portería contraria.

No voy a ser yo quien deslegitime este derecho a disfrutar de acontecimientos como los actuales. Pero, legítimamente, y porque asi lo ha reclamado en repetidas ocasiones la gran mayoría de la ciudadanía vasca, por medio de sus representantes en el Parlamento Vasco (más del 75% de representación parlamentaria), quiero que se me reconozca el mismo derecho.

Cuando, a la pregunta de a que selección, española o argentina, apoyar muestras indiferencia o rechazo a una selección, Federación Española de Fútbol que impide que mi selección, Euskal Selekzioa (Selección de fútbol de Euzkadi), se nos tildan poco mas o menos de herejes, apóstatas y traidores. Aunque difícilmente puede ser uno un traidor a una patria, España, que no la siente como suya.

Es por ello que me pregunto: Los que pregonan el respeto hacia su selección, la roja, los que demandan ese respeto a los demás, ¿tienen alguna capacidad moral para exigir a los demás lo que ellos mismo deniegan? ¿Que respeto existe ante quienes nos sentimos representados única y exclusivamente por la selección de Euzkadi?

Estamos hartos de que asocien el sentimiento identitario al nacionalismo vasco, tildándola de complejos, problemas identitarios, etc. Sin embargo, pocas expresiones identitarias son tan evidentes como convertir una final deportiva en un acontecimiento institucional. Si eso es perfectamente normal cuando la selección es España, ¿por qué deja de serlo cuando hablamos de Euzkadi?.

Estamos hablando de fútbol o de un problema político donde se impone una identidad no compartida sobre otra claramente definida, defendida y sentida por, como ya hemos comentado, más del 75% del parlamento vasco?

Quien niega que el trasfondo de esta final no tiene un gran  componente político, está negando la realidad.

No hay nada más que ver algunas balaustradas de ciertas instituciones bilbainas, engalanadas para la ocasión, incapaces de lo mismo cuando jueguen las selecciones vascas de pelota, en el Mundial. 

La igualdad también consiste en reconocer que existen diferentes sentimientos de pertenencia. Y una democracia madura no debería tener miedo a que todos ellos puedan expresarse con normalidad.

No estamos reclamando ningún privilegio excepcional. En el fútbol internacional ya compiten selecciones nacionales que no representan a Estados soberanos, como Escocia, Gales, Irlanda del Norte, las Islas Feroe o Gibraltar. La oficialidad de la selección vasca no supondría una anomalía deportiva, sino la incorporación de un modelo que ya existe y que nadie cuestiona en otros lugares.

Cada cual debería ser libre de sentirse representado por la selección que desee. Lo que reclamamos es exactamente el mismo derecho: poder sentirnos representados por Euzkadi sin que ello sea considerado una extravagancia, una provocación o una reivindicación inaceptable.

La igualdad también consiste en reconocer que existen diferentes sentimientos de pertenencia. Y una democracia madura no debería tener miedo a que todos ellos puedan expresarse con normalidad.

Del mismo modo, y con motivo de la final de futbol entre España y Argentina, numerosas instituciones y ayuntamientos han impulsado la colocación de pantallas gigantes para que la ciudadanía pueda seguir el partido de forma colectiva. Como ya hemos dicho, quien se siente representado por la selección española tiene todo el derecho a disfruta de ese acontecimiento.

A finales de octubre tendrá lugar el Campeonato Mundial de Pelota, donde nuestra selección participara con amplias posibilidades de llegar a distintas finales. Ahora la pregunta: Las mismas corporaciones que han permitido (en algunos casos, por la paz un Ave María, como bien suele decir un buen amigo mío), que una parte de sus vecinos puedan ejercer su derecho, permitirán en las mismas condiciones, que los que sentimos la verde, la selección de Euzkadi, como propia, ¿tengamos el mismo derecho a compartir momentos especiales para nosotros? ¿Se instalarán pantallas gigantes en plazas y espacios públicos? ¿Se movilizarán recursos con el mismo entusiasmo? La experiencia nos dice que no.

Unas identidades reciben respaldo institucional y otras continúan esperando el reconocimiento más básico. El problema no es de quienes reivindican la oficialidad de sus selecciones. El problema es de quien sigue negando que ese sentimiento exista y merezca el mismo respeto.


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