Protección de menores sí, bloqueos no: el debate tras el caso Bernedo
El caso de las colonias de Bernedo ha evidenciado una necesidad urgente en Euskadi: reforzar los controles sobre las actividades juveniles en las que participan menores.
Ante denuncias graves formuladas por familias afectadas, la reacción institucional solo puede ser una: protección inmediata. En materia de infancia, no caben dilaciones.
Por ello, el Gobierno Vasco ha impulsado la modificación de la Ley de Juventud incorporando medidas concretas y verificables:
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Autorización administrativa obligatoria previa para ejercer la actividad.
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Creación o actualización de registros oficiales de entidades de tiempo libre.
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Protocolos obligatorios de prevención frente a la violencia sexual y situaciones de riesgo.
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Verificación de antecedentes y formación específica del personal en protección de menores.
No se trata de declaraciones de intenciones, sino de instrumentos jurídicos que refuerzan la supervisión y la responsabilidad.
Mientras se tramita la reforma legal, el Ejecutivo ha decidido aprobar un decreto para que estas garantías estén vigentes antes del próximo verano. El objetivo es claro: que las familias dispongan de mayor seguridad cuanto antes.
La reforma podría aprobarse por lectura única, un procedimiento que exige unanimidad parlamentaria y que permitiría acelerar su entrada en vigor. Sin embargo, EH Bildu ha decidido bloquear esta vía alegando que “no se puede legislar deprisa”.
La pregunta es inevitable: cuando existe alarma social y denuncias graves, ¿debe la respuesta institucional ser lenta o eficaz?
En protección infantil, cada mes cuenta. Retrasar controles más estrictos no mejora las garantías; las pospone.
EH Bildu ha situado la lucha contra la violencia sexual y la defensa de las víctimas como eje central de su discurso político. Pero cuando se trata de concretar medidas normativas, endurecer requisitos y acelerar su aplicación, opta por frenar el procedimiento más rápido disponible.
La protección de menores no puede convertirse en terreno de cálculo político.
Las familias necesitan garantías antes del verano.
Y la protección de la infancia debe estar por encima de cualquier estrategia parlamentaria.




