La muga del doble rasero:
De las "gamberradas" en Cantabria a los delitos de odio en Euskadi
Las declaraciones efectuadas por el alcalde de Laredo, tildando los sucesos,
agresiones a jóvenes veraneantes vascos, de banda de gamberros, al margen de
ser de una irresponsabilidad supina, suponen un insulto a las familias de las víctimas
de esas “bandas de gamberros”, y un agravio comparativo con otros hechos sucedidos
en Euzkadi, con motivo de la final de a Copa del Mundo de futbol.
A la delegada del gobierno del Pais vasco, Marisol Garmendia, hay que
convenirle la fascinación que nos supone la elasticidad que utilizad las
diferencias semánticas en función de los lugares donde se producen los mismos
hechos. Y nos produce vergüenza ajena su silencio contenido ante los hechos
violentos de los que son objeto ciudadanos vascos.
Como es posible que, para altercados o persecuciones reiteradas en el
tiempo, dirigidas contra vecinos vascos en Laredo, se utilicen lenguajes moderados,
benevolentes, simplistas. Banda de gamberros, incivismo juvenil, chiquilladas productos
del calor veraniego, sin mayor calado ideológico o político.
A partir de la muga, a partir de El Haya, cualquier altercado con los mismos
ingredientes, adquiere la tipificación de delito de odio o de atentado a la
convivencia pacifica. Ya dejan de ser chiquilladas para ser amenazas
institucionales que justifica grandes titulares en el mismo medio de comunicación
aprovechando la linea editorial consabida. Condenas de máxima gravedad cuando
no de resoluciones ministeriales.
En nuestra opinión esta forma de retorcer la semántica es utilizada como
excusa perfecta para justificar la invasión competencial. Dejando constancia
quien es el garante último del orden, e imponiendo la autoridad de la Policía
Nacional como responsable de su cumplimiento. Al margen de lo que el pueblo
vasco ya decidió hace décadas, eligiendo a la Ertzantza, para su seguridad.
Como digo, y es nuestra opinión personal, la actitud de la delegada del
Gobierno, Marisol Garmendia es un ejemplo de su pretensión de implantar sus
reales como única contestación posible ante una ciudadanía que mira, miramos
con distanciamiento explicito los símbolos de identidad.
Intentar tapar, cuando no despreciar, una realidad social, unas aspiraciones
de décadas, con presencia policial de su propio cuño, y discursos alarmantes solamente
pueden llevar al fracaso. Desde determinados sectores hay un empeño, cuando no
una planificación controlada, de ensalzar a la “roja” como elemento
identitario, cohesionador, etc, se olvidan que una gran parte de la sociedad
vasca siente ese marco como algo ajeno, y que las actitudes que aquí trasladamos,
lo alejan cada día más.
Desconocer este sentir y responder ante las
tensiones sociales con doble rasero legal revela algo más que una falta de
tacto diplomático o institucional: sugiere una pataleta ante lo que no se
amolda a sus conveniencias geopolíticas.
Creemos que es absolutamente reprobable aplicar
la ley en función de unos intereses determinados aplicando la tipificación como
delitos de odio unos hechos violentos, cuando se realizan dentro del ámbito vasco,
para luego minorara la gravedad de agresiones equivalentes cuando estas afectan
a ciudadanos vascos fuera de su comunidad.
Sra. Garmendia, como ciudadanos de la comunidad
que Vd. Representa ante el Gobierno del estado vecino, garante de la legalidad,
le pedimos coherencia, respeto a la verdad y lealtad a unas instituciones que
nos dimos desde el año 1979.
Reducir la violencia a «gamberrada» según la
conveniencia política distorsiona la justicia y profundiza la distancia entre
las instituciones estatales y la sociedad a la que afirman representar.
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