El euskera crece cuando convence
Las recientes declaraciones de ELA-STV y de su secretario general, Mitxel
Lakuntza, anunciando que el sindicato utilizará exclusivamente el euskera en las mesas de negociación colectiva a partir del próximo mes de septiembre,
vuelve a generar discusión si la mejor forma de apoyar el euskera es la imposición
en lugar del convencimiento.
Si a ello unidos la exigencia de que el Consejo de Relacion es Laborales (CRL)
dote de traductores e interpretes de dichas reuniones, vuelve a abrir un debate
que va mas allá del ámbito sindical. Y pone en cuestión cual es la mejor estrategia
para avanzar en su normalización
Patrimonializar la defensa del euskera con decisiones que no invitan a su
conocimiento no es el mejor de los medios. Hay que partir de una premisa fundamental;
el euskera constituye un patrimonio común de nuestra sociedad y su promoción y
fortalecimiento son objetivos absolutamente legítimos.
Ha costado décadas, partiendo de épocas anteriores de retroceso, en que las
instituciones vascas y la propia sociedad llevan realizando un esfuerzo enorme
en la recuperación de espacios de uso de nuestra lengua. La enseñanza, los
euslkategis, administración pública, etc. etc. y, por supuesto, la implicación de
miles de ciudadanos, ha hecho posible que el euskara haya ganado presencia y
prestigio social. Y es necesario que este camino siga asi.
Precisamente por eso resulta necesario preguntarse si todas las estrategias
contribuyen realmente a ese objetivo.
Partiendo de la base de que el derecho de cualquier persona a expresarse en
euskera debe ser respetado, debemos ser conscientes que en Euzkadi contamos dos
lenguas oficiales. El
objetivo no puede consistir en sustituir una imposición por otra. Si durante
décadas el euskera sufrió una posición de inferioridad frente al castellano, la
respuesta no puede ser reproducir ese mismo esquema en sentido inverso. La
igualdad entre ambas lenguas exige garantizar el derecho a utilizar cualquiera
de ellas sin convertir esa elección en un obstáculo para el diálogo. Ya sufrimos,
y seguimos sufriendo, esa discriminación durante muchos años, del castellano con
respecto al euskara.
El proceso de euskaldunización de la sociedad, ha sido mediante el
convencimiento. No mediante la imposición.
Con respecto a las declaraciones del secretario general de ELA, una negociación
colectiva tiene como objetivo concreto el de alcanzar acuerdos entre trabajadores
y empresas. La comunicación y el consenso es en elemento esencia para que
cualquier negociación llegue a buen puerto
Reclamar
recursos de traducción puede ser una vía razonable para facilitar el uso del
euskera allí donde resulte necesario. Otra cuestión distinta es convertir la ausencia de esos medios en un elemento de bloqueo o confrontación.
Cuando una organización anuncia que utilizará exclusivamente el euskera,
aun siendo consciente de que algunos de los interlocutores pueden no
comprenderlo, (empresas de implantación estatal o internacional) el idioma deja
de ser un instrumento de comunicación para convertirse, inevitablemente, en el
centro del conflicto. El debate ya no gira sobre salarios, condiciones
laborales o derechos de los trabajadores, sino sobre la lengua utilizada
durante la negociación.
No es valida cualquier iniciativa para reforzar la presencia del euskera,
cuando puede servir al discurso de quienes lo presentan como elemento de confrontación
n o exclusión. En Euzkadi necesitamos fortalecer la euskaldunizacion desde el
convencimiento.
Quienes
comenzamos a aprender euskera en los años setenta y quienes, décadas después,
hemos vuelto a las aulas con más de setenta años cumplidos, no lo hicimos
porque nadie nos obligara. Lo hicimos porque entendimos que el euskera forma
parte de nuestra identidad y de nuestro patrimonio colectivo. Esa sigue siendo
la mejor prueba de que el convencimiento transforma mucho más que cualquier
imposición.
La normalización lingüística no puede construirse únicamente sobre
derechos; también necesita pedagogía, complicidad y aceptación social. Las
lenguas no se fortalecen porque se impongan, sino porque cada vez más personas
descubren que merece la pena utilizarlas.
La verdadera fortaleza del euskera reside en conseguir que cada día haya
más ciudadanos que quieran hablarlo. Porque una lengua vive cuando convence. Y
ese sigue siendo el mejor camino para garantizar su futuro.
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