19 mar 2026

Cuando la huelga deja de ser un derecho y se convierte en imposición

La huelga general del 17-M ha vuelto a situar en el centro del debate una cuestión que conviene aclarar sin ambigüedades: el derecho a la huelga es incuestionable. Forma parte de los pilares de cualquier sociedad democrática. Pero lo que también debería ser incuestionable es que ese derecho termina donde empieza la coacción.

Porque lo ocurrido en nuestras calles dista mucho de una movilización libre y voluntaria. Comercios obligados a cerrar, trabajadores presionados para secundar la huelga, situaciones de tensión en distintos puntos… No estamos ante una simple jornada reivindicativa, sino ante un escenario donde, en demasiadas ocasiones, la libertad individual ha quedado en un segundo plano.

Una reivindicación sin competencia real

La huelga se ha articulado en torno a la exigencia de un salario mínimo vasco. Pero conviene recordar algo básico: Euzkadi no tiene competencia para fijar el SMI. Y los propios sindicatos convocantes lo saben.

Tal es así que estos mismos sindicatos han trasladado la reivindicación al Congreso. Y  formaciones políticas, incluida EAJ-PNV, se encuentran en fase de negociación para lograr un SMI propio para Euzkadi (CAV y CFN), reivindicación que comparte la formación jeltzale.

Esto plantea una contradicción evidente. Si la capacidad de decisión reside en el Estado, ¿por qué se dirige la presión hacia el Gobierno Vasco?

La respuesta no es técnica, sino política.

No estamos ante una reivindicación viable en el corto plazo, sino ante una herramienta de confrontación. Una forma de mantener la tensión en la calle y de erosionar a un Gobierno que ha salido de las urnas.

Más pronto que tarde  Euzkadi tendrá un Salario Mínimo superior al del resto del Estado, pero no será gracias a las formas empleadas en el día de Más pronto que tarde  pero “no será gracias a las formas empleadas en el día de hoy”, ha afirmado  el Grupo Vasco (EAJ) en el Congreso

La estrategia de la confrontación permanente

En este contexto, el papel de ELA y LAB resulta clave, junto al respaldo político de EH Bildu.

No es la primera vez que vemos este esquema: Movilización máxima en Euzkadi, Discurso de confrontación constante, señalamiento del Gobierno Vasco.Y, al mismo tiempo, apoyo o escasa presión en Madrid, donde realmente se decide el SMI

La paradoja es evidente. Quienes dicen defender un salario mínimo propio no utilizan su influencia donde podrían acercarlo a la realidad.

Porque quizá el objetivo no sea ese.

El pequeño comercio, una vez más, ha sido uno de los principales perjudicados. Autónomos que han tenido que bajar la persiana no por convicción, sino por miedo o presión. Trabajadores que han visto cuestionado su derecho a decidir libremente si secundaban o no la huelga.

Y todo ello en un contexto donde la convivencia se resiente. Porque cuando una parte intenta imponer su posición sobre la otra, el resultado no es más justicia social, sino más división.

Una huelga pierde su legitimidad moral cuando deja de ser una herramienta de libertad colectiva para convertirse en un instrumento de presión sobre quienes no quieren secundarla.

La huelga del 17-M no ha sido solo una jornada de reivindicación, sino también un reflejo preocupante de una forma de hacer política basada en la tensión permanente.

Cuando se utilizan reivindicaciones sin competencia real, cuando se presiona a comercios y trabajadores, y cuando el objetivo parece más el desgaste institucional que la mejora efectiva de las condiciones laborales, conviene hacerse una pregunta incómoda:

¿estamos ante una defensa sincera de los derechos de los trabajadores o ante una estrategia de confrontación política?

 


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18 mar 2026

Frente a la pancarta, inversión:

La Alianza Financiera Vasca ya moviliza 250 millones

La Alianza Financiera Vasca: cuando un país moviliza su propio capital

En medio de un contexto internacional marcado por la incertidumbre económica y la competencia industrial global, Euzkadi vuelve a demostrar una de sus principales fortalezas: la capacidad de organizarse como país para defender su tejido económico.

La llamada Alianza Financiera Vasca ha logrado movilizar ya 250 millones de euros en su primer año de funcionamiento, un primer resultado que confirma el potencial de esta iniciativa público-privada destinada a reforzar la transformación económica e industrial del país.

No es una cifra menor. Pero lo verdaderamente relevante es lo que representa: Un modelo propio de política económica

La Alianza Financiera Vasca nació con un objetivo claro: movilizar capital para apoyar proyectos estratégicos y fortalecer el arraigo empresarial en Euzkadi.

El planteamiento es sencillo pero ambicioso:

En primer lugar el Gobierno Vasco aporta capacidad financiera a través del Instituto Vasco de Finanzas que unido a entidades financieras y fundaciones vascas suman capital privado al objeto de crear instrumentos de inversión capaces de acompañar proyectos empresariales estratégicos

La meta final es movilizar hasta 4.000 millones de euros durante la legislatura para impulsar la transformación económica e industrial de Euzkadi.

En otras palabras: Activar el ahorro y el capital vasco para invertir en el futuro industrial del país. Más que dinero: Capacidad de decisión

Se trata de algo fundamental para cualquier economía avanzada: Mantener centros de decisión empresarial en el propio territorio.

La experiencia europea demuestra que cuando una empresa estratégica pierde arraigo local, las decisiones clave —inversiones, empleo, innovación— empiezan a tomarse en otros lugares.

Por eso iniciativas, en definitiva, provocan reforzar la soberanía económica de Euzkadi

Mientras Euzkadi activa instrumentos financieros para proteger su industria, resulta llamativo el silencio —cuando no la incomodidad— de quienes han hecho de la confrontación permanente su única propuesta económica.

Ni EH Bildu ni el sindicalismo de choque representado por ELA parecen especialmente interesados en hablar de capital industrial, inversión o arraigo empresarial. Su modelo económico se limita demasiadas veces a la política de la pancarta, la huelga permanente y la presión en la calle.

Pero la realidad es tozuda: la industria no se mantiene con consignas, sino con capital, estrategia y decisiones empresariales que permitan que las fábricas, la tecnología y el empleo sigan estando aquí.

Mientras algunos siguen defendiendo recetas económicas simplistas basadas en la confrontación permanente o en la política de pancarta, Euzkadi debe seguir apostando por una vía mucho más compleja pero también mucho más eficaz:

Porque la realidad económica del siglo XXI no se cambia con consignas sino con capital, estrategia y capacidad de decisión.

Euzkadi ha demostrado históricamente que cuando sus instituciones, su sistema financiero y su tejido empresarial trabajan juntos, el país es capaz de afrontar transformaciones profundas sin perder su base industrial.

La Alianza Financiera Vasca es un ejemplo claro de esa forma de entender la economía.

Un modelo que parte de una convicción sencilla: Los países que quieren decidir su futuro económico necesitan también instrumentos financieros propios para defender su industria.

Porque al final la cuestión es muy simple: Los territorios que controlan su capital pueden defender su industria.



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17 mar 2026


Cuando el euskera molesta: la OPE de Errenteria y la ofensiva contra nuestra lengua

La polémica surgida en torno a la OPE del Ayuntamiento de Errenteria vuelve a poner sobre la mesa un debate que en Euskadi aparece una y otra vez: el intento de cuestionar la normalización del euskera en la administración pública.

El Ayuntamiento había convocado una OPE para cubrir 25 plazas administrativas, estableciendo como requisito el perfil lingüístico C1 de euskera. Una exigencia que no es nueva ni excepcional. De hecho, en convocatorias anteriores con perfiles similares no se produjo ningún problema.

Sin embargo, en esta ocasión el proceso ha quedado paralizado tras un recurso, en un movimiento que algunos medios han señalado como parte de una estrategia organizada para judicializar este tipo de convocatorias.

Pero lo verdaderamente revelador no es solo el recurso judicial.
Lo que resulta más preocupante es el clima que se genera alrededor de estos casos.

Basta leer algunos comentarios publicados en medios digitales para comprobar hasta qué punto el debate lingüístico se contamina con discursos cada vez más agresivos.

En ellos aparecen acusaciones de “racismo”, “supremacismo” o “fanatismo”.
Otros afirman que el euskera se utiliza para “humillar” a la población.
Incluso hay quien compara la situación con persecuciones históricas o introduce discursos xenófobos completamente fuera de lugar.

No estamos ante un simple desacuerdo técnico sobre un perfil lingüístico.

Estamos ante algo más profundo: una reacción visceral contra la presencia del euskera en el espacio público.

Y conviene recordar algo muy básico.

El euskera no es una imposición política reciente.
Es una lengua propia, histórica y oficial, reconocida por el Estatuto de Autonomía y protegida por la legislación vasca.

Garantizar que la ciudadanía pueda ser atendida en cualquiera de las dos lenguas oficiales no es una extravagancia ideológica.
Es simplemente cumplir la ley y respetar los derechos lingüísticos de la ciudadanía.

Porque ese es el verdadero punto del debate.

Cuando una persona entra en un ayuntamiento, tiene derecho a ser atendida en euskera si así lo desea.

Y para que ese derecho sea real, alguien tiene que conocer la lengua.

Tan simple como eso.

Por eso resulta llamativo que lo que en cualquier país europeo sería considerado normal —que la administración conozca la lengua del territorio— aquí se convierta periódicamente en objeto de campañas, recursos y polémicas.

El Ayuntamiento de Errenteria ha anunciado que defenderá la OPE hasta el final.
Y hace bien.

Porque lo que está en juego no es solo una convocatoria de empleo público.

Lo que está en juego es algo mucho más importante: si la normalización del euskera en las instituciones se decide en Euskadi o se intenta bloquear mediante recursos y campañas de desgaste.

El euskera no sobra en la administración.

El euskera forma parte de lo que somos.

Y garantizar su presencia en los servicios públicos no es excluir a nadie.

Es simplemente asegurar que nuestra lengua pueda vivir con normalidad en nuestra propia casa.

Porque el verdadero problema no es el perfil lingüístico de una OPE.
El verdadero problema es que todavía hay sectores que no aceptan algo muy sencillo: que el euskera es una lengua propia de este país y que tiene derecho a vivir con normalidad en sus instituciones.

Cada vez que el euskera avanza un paso en su normalización aparece el mismo reflejo: recursos, polémicas, campañas y ruido mediático. Siempre el mismo patrón.

Pero conviene recordar algo esencial.
El euskera no es una concesión política ni una moda pasajera.

Es una lengua milenaria, un patrimonio colectivo y un elemento central de nuestro autogobierno.

Y garantizar que pueda ser utilizado en las instituciones públicas no es discriminar a nadie.

Es simplemente asegurar que en Euskadi podamos vivir también en euskera.

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16 mar 2026

Mientras algunos gritan soberanía, Euskadi gana espacios reales en el mundo

Euskadi tendrá voz propia en dos organismos de Naciones Unidas a partir de 2027. No se trata de una simple foto institucional, sino de un paso importante para reforzar la presencia internacional de Euzkadi y para demostrar que el autogobierno también se construye ampliando espacios allí donde se toman decisiones globales.

El acuerdo permitirá que Euzkadi participe como miembro asociado en organismos vinculados a la UNESCO y a la Organización Mundial del Turismo, ámbitos donde nuestra comunidad tiene competencias, experiencia y capacidad de aportar.

No es independencia, pero tampoco es silencio ni subordinación.
Es presencia política real.

La propia vicelehendakari Ibone Bengoetxea ha destacado que este acuerdo permitirá que Euzkadi participe directamente en espacios multilaterales donde se debaten políticas relacionadas con la cultura, la educación, el patrimonio o el turismo sostenible, reforzando así la proyección internacional de nuestro país.

Este avance también pone en evidencia una contradicción cada vez más visible en la política vasca.

EH Bildu y el sindicalismo de confrontación que representa ELA critican sistemáticamente cualquier acuerdo institucional impulsado por el Gobierno Vasco, intentando presentar cada avance como una renuncia o una claudicación.

Sin embargo, cuando se trata del Parlamento español su actitud cambia radicalmente. Allí EH Bildu no ha tenido problema en pactar, negociar y sostener mayorías parlamentarias con el Gobierno de España cuando le ha convenido políticamente.

Es decir: Acuerdo en Madrid, confrontación en Euzkadi.

Mientras algunos siguen instalados en la política de la pancarta permanente, Euzkadi debe continuar avanzando paso a paso en la ampliación de su autogobierno y en el fortalecimiento de su presencia internacional.

Porque la nación no se construye solo con consignas.
También se construye ganando espacios, ocupando instituciones y logrando que la voz de Euzkadi se escuche con nombre propio en el mundo.


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15 mar 2026

Huelga general del 17-M: ¿reivindicación laboral o estrategia de desgaste político?

ELA, Bildu y la política de la tensión permanente 
Cuando la huelga sirve más para agitar que para resolver

La convocatoria de huelga general del 17 de marzo en Euzkadi,  impulsada por los sindicatos ELA y LAB, con el apoyo político de EH Bildu, vuelve a situar en el centro del debate una reivindicación que, más allá de los titulares, plantea una pregunta de fondo:
¿se busca realmente un salario mínimo vasco o se pretende mantener una tensión política permanente contra el Gobierno Vasco?

La demanda central de la huelga es conocida: un Salario Mínimo Interprofesional propio de 1.500 euros para Euzkadi.

La reivindicación puede parecer atractiva a primera vista, pero choca con una realidad jurídica que todos conocen: Euzkadi no tiene competencia para fijar el SMI. Esa competencia corresponde al Gobierno del Estado.

Tengo dudas razonables de si el objetivo real sea lograr un SMI vasco, o mantener a la ciudadanía tensionada. Esta estrategia política debería dirigirse a quien tiene la capacidad de decidirlo: El Ejecutivo español y el Parlamento en Madrid. Sin embargo, el foco de la movilización se sitúa una vez más contra el Gobierno Vasco, como si fuese responsable de una competencia que no posee.

Da la impresión de que la huelga responde más a una lógica de confrontación política que a una estrategia real para conseguir un cambio legislativo.

La paradoja de EH Bildu en Madrid

La incoherencia resulta aún más evidente si se analiza la posición de EH Bildu en la política estatal.

EH Bildu ha demostrado en los últimos años una notable capacidad para influir en la gobernabilidad del Ejecutivo de Pedro Sánchez, apoyando presupuestos, reformas y numerosas iniciativas legislativas, a cambio de nada o de intereses espurios, y/o particulares, que en nada tienen que ver con los intereses de toda la sociedad.

Sin embargo, no se ha visto la misma determinación para impulsar un cambio legal que permita establecer un SMI propio para Euzkadi.

La pregunta surge por sí sola:

Si el objetivo fuese realmente el SMI vasco, ¿por qué no se ha convertido en una exigencia política en Madrid?

El papel del movimiento de pensionistas

En ese contexto, resulta cada vez más evidente cómo determinados movimientos sociales acaban integrándose en esa misma dinámica.

En esta convocatoria también llama la atención el respaldo de sectores del llamado movimiento de pensionistas.

Un movimiento que nació con una reivindicación legítima —la defensa de pensiones dignas— pero que con el paso del tiempo ha ido siendo claramente instrumentalizado por determinados espacios políticos y sindicales.

Cada nueva convocatoria impulsada por ELA, LAB o EH Bildu acaba encontrando el respaldo de parte de ese movimiento, lo que refuerza la sensación de que se está utilizando una causa social legítima como plataforma para la confrontación política permanente. Máxime si tenemos en cuenta los perfiles de los promotores de dicho movimiento

Y eso no es casualidad.

Porque cuando una movilización social acaba incorporándose a una estrategia política concreta, corre el riesgo de dejar de ser un movimiento transversal para convertirse en un actor más dentro de un bloque político determinado.

Y Euzkadi ya ha vivido demasiadas veces ese guion.

La política de la tensión permanente

Euzkadi ha construido durante décadas un modelo basado en instituciones sólidas, negociación colectiva y acuerdos sociales amplios.

Frente a ese modelo institucional, algunos siguen apostando por la estrategia de la tensión permanente: huelgas generales, movilización constante y confrontación política continua.

No es una novedad.

Es la misma lógica que se ha visto en conflictos industriales, en la negociación colectiva o en debates institucionales: mantener el espacio público en permanente agitación para debilitar a las instituciones surgidas de las urnas.

La pregunta que queda en el aire

Por eso, ante la huelga del 17-M, conviene plantear la cuestión con claridad:

¿Se pretende realmente avanzar hacia un salario mínimo vasco o simplemente desgastar al Gobierno Vasco elegido democráticamente?

Porque si el objetivo fuese el primero, el debate debería centrarse donde corresponde: en el marco competencial y en la capacidad de decisión del Estado.

Pero si lo que se busca es otra cosa —alimentar una dinámica de confrontación permanente— entonces esta huelga no será más que una nueva expresión de una estrategia política conocida: la huelga por la huelga.

 


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14 mar 2026



Tubos Reunidos: Valentía o liderazgo.

Salvar la empresa sin perder el empleo

El futuro de Tubos Reunidos vuelve a situar sobre la mesa uno de los debates más difíciles de la política industrial: cómo garantizar la viabilidad de una empresa sin destruir empleo.

La compañía arrastra una deuda superior a los 260 millones de euros, parte de ella vinculada al préstamo concedido por la SEPI durante la pandemia. Esta Sociedad Publica ha abierto la puerta a flexibilizar los plazos de devolución, pero no contemplan una quita de la deuda.

Eso significa que la empresa deberá seguir afrontando ese compromiso financiero.

Al mismo tiempo, la dirección plantea reducir costes para asegurar la viabilidad futura, que pasa, inevitablemente, por un ajuste de plantilla que preocupan profundamente en Aiaraldea.

En este contexto, el Parlamento Vasco ha aprobado una resolución institucional respaldada por todos los grupos políticos para impulsar un proyecto industrial viable que garantice el futuro de la compañía.

El mensaje político es claro:
Euzkadi quiere que Tubos Reunidos tenga futuro, sin que afecte al mantenimiento de los puestos de trabajo.

Es prioritario dar estabilidad a la compañía para relanzar su actividad, pero, a la vez, prioritario, también, estabilidad en la plantilla, reduciendo al minimo posible un ajuste en caso de fuerza mayor.

Salvar una empresa industrial exige encontrar un equilibrio difícil entre tres factores:

  • la viabilidad económica de la empresa
  • la sostenibilidad de su deuda
  • y la protección del empleo

Si cualquiera de esos tres elementos falla, el proyecto puede quedar en riesgo.

Por eso el objetivo debe ser claro:
Un plan industrial que garantice competitividad sin convertir el empleo en la única variable de ajuste.

Aiaraldea ha construido su identidad alrededor de la industria.
Perder capacidad industrial no solo afecta a una empresa: afecta al futuro de toda una comarca.

La negociación del ERE también está evidenciando tensiones dentro del frente sindical.

Mientras sindicatos como CCOO y UGT se muestran dispuestos a explorar vías de acuerdo que permitan reducir el impacto del ajuste, el sindicato ELA mantiene una estrategia de confrontación.

Sin embargo, esa línea dura está generando tensiones incluso dentro del propio sindicato.

Delegados y afiliados de la planta de Trapagaran han decidido apoyar el acuerdo planteado en Tubos Reunidos, desmarcándose de la posición oficial de la central sindical. La decisión ha provocado un choque interno sin precedentes entre distintas secciones del sindicato.

Algunos delegados han denunciado incluso presiones internas para mantener la línea oficial de confrontación, lo que refleja hasta qué punto el conflicto sindical se ha tensado en las últimas semanas.

La situación revela una realidad incómoda: la estrategia de confrontación permanente no cuenta con el respaldo unánime ni siquiera dentro del propio sindicato.

Cuando incluso parte de sus propios afiliados optan por la negociación, quizá ha llegado el momento de preguntarse si la confrontación permanente sigue siendo una estrategia útil para defender el empleo.

Porque cuando lo que está en juego es el futuro industrial de una comarca, la confrontación permanente rara vez ayuda a construir soluciones duraderas.

Cuando el futuro de una empresa industrial y cientos de empleos están en juego, muchos trabajadores parecen optar por explorar vías de acuerdo antes que instalarse en un conflicto sin salida.

En medio de este debate también han sorprendido algunas declaraciones institucionales.

El consejero de Industria, Mikel Jauregi, llegó a plantear recientemente una pregunta que resulta, como mínimo, poco afortunada e impropios del responsable de liderar una defensa institucional de nuestra modelo industrial

"¿Quién es el valiente que en estas circunstancias, con la guerra en Irán, va a entrar a rescatar a Tubos Reunidos?"

Cuando está en juego el futuro industrial de una empresa estratégica y de cientos de empleos en Aiaraldea, el mensaje que se espera de las instituciones no es el de la resignación, sino el del liderazgo.

El debate sobre empresas como Tubos Reunidos no es solo un problema puntual. Forma parte de un reto mayor: seguir defendiendo el tejido industrial que ha sido uno de los pilares del desarrollo económico y social de Euskadi.



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