Ceuta, Melilla y el triángulo geopolítico: Rabat, Washington y Bruselas (II)
En lineal con el anterior artículo de opinión, vamos a analizar la posición de
Ceuta y Melilla, no ya desde únicamente de las periódicas crisis migratorias,
sino de su posición en una partida de ajedrez geopolítica donde Marruecos
aplica una estrategia deliberada de lo que se viene a llamar “zona gris”.
Medios de comunicación marroquíes califican a ambas ciudades españolas, como
"presidios coloniales" o territorios pendientes de recuperación. Ha sido
y es una constante en la política exterior marroquí, pero la correlación de
fuerzas ha dado un vuelco decisivo a favor del Reino Magrebí gracias a su
articulación diplomática con Washington y Tel Aviv.
La historia nos enseña que esta relación no es fruto casual, sin que en enraíza
en la diplomacia histórica. En 1777, el Sultanato (bajo el reinado de Sidi Mohammed III) permitió la libre entrada de los buques de la joven república
norteamericana en los puertos bajo su dominio, lo que condujo a la firma del
Esta sintonía se consolidó institucionalmente en 2004 con la concesión del
estatus de Aliado Mayor No-OTAN
(Major Non-NATO Ally o MNNA, por sus siglas en inglés).
Es una designación oficial que otorga el Gobierno de Estados Unidos a países
aliados que no forman parte de la OTAN pero con los que mantiene una
cooperación militar, de inteligencia y estratégica de primer nivel.
El punto de inflexión definitivo de la era reciente se
fraguó en diciembre de 2020 con los Acuerdos de Abraham. Mediante esta red de
pactos de normalización diplomática entre países árabes e Israel, Rabat obtuvo
de Washington el reconocimiento formal de la soberanía marroquí sobre el Sáhara
Occidental a cambio del restablecimiento de relaciones con Tel Aviv.
Aunque los primeros Acuerdos de Abraham se firmaron meses antes (septiembre
de 2020) entre Israel, Emiratos Árabes Unidos y Baréin, el 10 de diciembre de 2020 se
produjo el acuerdo a tres bandas impulsado por la Casa Blanca que involucró
directamente a Marruecos y cuyas consecuencias son:
La Proclamación de EE. UU. sobre el Sáhara: El presidente de Estados Unidos (Donald Trump) firmó una proclamación oficial por la que EE. UU. reconocía formalmente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Fue el primer país del P5
(miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU) en dar este paso
decisivo.
Reanudación
de relaciones con Israel: A cambio, Marruecos acordó la normalización y
reanudación inmediata de relaciones diplomáticas plenas con el Estado de
Israel, reabriendo oficinas de enlace en Tel Aviv y Rabat.
El
impulso tecnológico y defensivo: Este pacto derivó en la firma de acuerdos
históricos entre Tel Aviv y Rabat en
2021, permitiendo a Marruecos acceder a drones de última generación, sistemas
de defensa antiaérea e inteligencia cibersegura.
Con esta alianza Marruecos se ha dotado de un blindaje geopolítico y
tecnológico, mediante una cobertura geopolítica y tecnológica sin precedentes,
materializada en la adquisición de armamento de última generación y en
Contar con un activo de inteligencia prioritario para la arquitectura de
seguridad norteamericana en el Norte de África supone reducir a la mínima
expresión el margen de la Unión Europea para imponer sanciones o exigir
contrapartidas a Rabat en materia fronteriza.
Pero además, los Acuerdos de Abraham no solo reforzaron a Marruecos frente a
EE. UU., sino que rompieron el equilibrio con Argelia (provocando el cierre del
gasoducto Magreb-Europa). Esto dejó a España atrapada en una pinza diplomática
donde cualquier movimiento hacia Rabat tensionaban la relación energética con
Argel.
En este tablero, España y la UE chocan además con el
histórico vacío defensivo de la Alianza Atlántica. El redactado del
Asimismo, frente a tácticas como el cierre unilateral
de la aduana comercial de Melilla o episodios de presión como
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