Ni ocultación ni criminalización
Ni ocultar los
datos ni criminalizar a la inmigración
Nuevamente se presenta ante la ciudadanía el debate sobre si los datos
sobre delincuencia deben ser ocultados para evitar discursos que pueden alimentar
criminalización de una parte de la sociedad, en este caso de la inmigración, o,
en cambio, y por ese motivo, debería prevalecer un ejercicio de transparencia
asumiendo el riesgo de ser utilizados para presentar la inmigración como un
problema de seguridad.
La información
publicada en medios de comunicación, según la cual cuatro de cada diez personas
condenadas en Euzkadi durante el último año eran de nacionalidad extranjera, reabre
este debate
Los datos publicados proceden del Instituto Nacional de Estadística (INE) y
hacen referencia a sentencias firmes, no a simples detenciones o
investigaciones policiales. Son datos oficiales, y en aras a un ejercicio de transparencia,
deben ser conocidas. Nadie puede decidir qué datos deben ser compartidos con la
sociedad y cuáles no. La transparencia institucional exige conocer la realidad
tal y como es.
Que cada cuatro de cada diez condenados sean extranjeros, no significa que
cuatro de cada diez inmigrantes son delincuentes. Significa, exclusivamente,
que entres las personas condenadas ese es el porcentaje de ciudadanos de nacionalidad
extranjera. Y ese es un matiz que cambia la interpretación del dato.
Hay una realidad imperante. La mayoría de las personas migrantes que
residen en Euzkadi, trabajan, pagan sus impuestos, forman un familia, aceptan
las normas comunes y nunca tendrán relación alguna con la Justicia penal. Por
eso seria muy profundamente injusto convertirlas en sospechosas, simplemente
por el hecho de compartir nacionalidad, origen, religión, etc. con una minoría de
delincuentes.
Pero ocultar estos datos, puede aumentar la desconfianza de una parte de la
sociedad y generar discursos basados en prejuicios o percepciones que en nada están
basados en datos reales, alimentando discursos xenófobos o de odio hacia una
parte de la población. Estas sensaciones solamente se combaten con transparencia.
Y las estadísticas están para identificar una realidad al objeto de poder
orientar las políticas sociales.
Quizá el verdadero ejercicio de transparencia no consista únicamente en
publicar un dato impactante, sino en ofrecer a la ciudadanía toda la
información necesaria para comprenderlo. Reducir un fenómeno tan complejo
únicamente a la nacionalidad supone ofrecer una explicación tan sencilla como
insuficiente.
Los datos que deberíamos tener muy presente es el peso que representa la
delincuencia extranjera respecto a la población inmigrante, que, como decíamos,
trabaja y vive, dentro del conjunto de la sociedad vasca. Y no utilizar una estadística
como arma arrojadiza.
Reiteramos: ocultar los datos genera desconfianza, pero utilizarlos para
criminalizar a todo un colectivo alimenta el miedo y rompe la convivencia.
Entre ambos
extremos existe un camino mucho más responsable: el de la transparencia, el
contexto y el rigor.


