La huelga
de comedores y el relato del bocadillo
Los trabajadores de los comedores escolares de
gestión directa han llevado a cabo tres días de huelga reivindicando el
desbloqueo de la negociación del convenio colectivo, con un seguimiento que los
sindicatos califican de masivo.
El derecho a la huelga es incuestionable. Forma
parte del marco democrático y laboral.
Las trabajadoras defienden sus condiciones laborales para garantizar un
servicio de calidad, estable y digno. Hasta ahí, nada que objetar
En medio del conflicto se ha generado un intenso
debate social. Varias familias denunciaron que en algunos colegios se retiraron
los bocadillos y comidas que sus hijos habían llevado desde casa, ante la
previsión de que no habría servicio de comedor durante la huelga.
Paralelamente, ha circulado con fuerza —promovida
por portavoces del sindicato ELA— la afirmación de que:
“No está permitido que los niños lleven
bocadillos al colegio durante los días de huelga.”
Y eso no se ajusta ni a la realidad normativa ni
a los hechos.
Lo que dice realmente la normativa:
La legislación que regula los jantokis
incluye normas sobre higiene y seguridad alimentaria que pueden restringir la
entrada de alimentos no gestionados por el servicio de catering.
Es cierto que, por motivos sanitarios, los
centros pueden no admitir comida externa al comedor en condiciones normales.
Pero el propio Departamento de Educación del
Gobierno Vasco ha aclarado que:
- La normativa general limita la entrada de alimentos externos sin
autorización por motivos sanitarios y organizativos.
- En situaciones excepcionales, como una huelga, podría permitirse con
autorización de las direcciones de los centros.
Y eso es clave.
Porque eso no equivale a una prohibición
absoluta de llevar bocadillos.
La afirmacion de ELA-STV no es solo exagerada, Es falsa, tanto en términos legales como técnicos.
Lo que ocurrió, según las propias denuncias de
las familias, es que en determinados centros se impidió a algunos alumnos
consumir la comida que habían llevado de casa y, en algunos casos, incluso se
retiraron bocadillos de mochilas.
Eso puede ser discutible desde el punto de vista
organizativo o de gestión puntual.
Pero convertirlo en una supuesta prohibición general es otra cosa muy distinta.
ELA necesita que las huelgas tengan impacto. Que
provoquen indignación social. Que generen un símbolo.
Pero cuando un sindicato recurre a la exageración
para reforzar su relato, erosiona su credibilidad.
La defensa de condiciones laborales dignas no necesita apoyarse en medias
verdades.
El derecho a la huelga es legítimo.
Las reivindicaciones laborales pueden ser justas.
Pero mezclar conflicto laboral con menores y con
mensajes simplificados que no se ajustan a la realidad normativa es cruzar una
línea.
La sociedad vasca merece un debate serio.
No relatos construidos sobre medias verdades
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