La propuesta del ministro francés de Justicia,
Gérald Darmanin, de suspender durante tres años la inmigración legal en Francia
no es un hecho aislado. Refleja un cambio profundo en Europa: el endurecimiento
de las políticas migratorias y el reforzamiento de las llamadas “fronteras exteriores”
… y también interiores de facto.
El Gobierno Vasco lleva tiempo reclamando en
Bruselas y Madrid: la “Frontera Norte”.
Francia reconoce ya abiertamente que su capacidad
de integración “ha llegado al límite”. El problema es que cuando un gran Estado
europeo endurece controles, restringe permisos y dificulta reagrupaciones
familiares, la presión migratoria no desaparece: se desplaza.
Y Euzkadi, por su posición geográfica, puede
convertirse en uno de los territorios más afectados.
Que engloba el concepto “Frontera Norte”.
El Gobierno Vasco y Canarias llevan tiempo reclamando al Estado y a la UE
que reconozcan dos realidades distintas como son, la frontera sur mediterránea,
y la frontera norte atlántica y pirenaica.
La llamada “Frontera Norte” hace referencia
especialmente al eje: Irún, Bidasoa, Gipuzkoa, conexiones ferroviarias y
viarias hacia Francia, y corredores logísticos hacia Europa.
Es decir: la puerta natural entre la Península
Ibérica y el corazón europeo.
El problema es que durante años Madrid ha actuado
como si la presión migratoria terminara en Andalucía o Canarias, cuando la
realidad demuestra que miles de personas intentan continuar hacia Francia,
Alemania o Bélgica atravesando Euzkadi.
Cuando Francia cierra, se produce un efecto
rebote, La presión se acumula migratoria se acumula en Euzkadi
Si Francia endurece todavía más sus políticas: aumentarán
devoluciones, controles policiales, restricciones fronterizas, y rechazos
administrativos. ¿Consecuencia? Muchos inmigrantes que pretendían seguir ruta
hacia Europa quedarán bloqueados en el lado sur de la frontera.
Y eso afecta directamente a: Irún, Donostia, Bilbao,
con el consiguiente incremento de gastos en recursos sociales, sistemas de
acogida, seguridad, vivienda, sanidad, y cohesión social. En consecuencia, se verifica
que la realidad geográfica es tozuda. Euzkadi es frontera europea, con gran
incidencia en las consecuencias de sufrir dinámicas propias de una frontera
continental
Inmigración ilegal e inmigración legal desviada. Aquí
hay otro elemento que casi nadie quiere explicar.
Cuando Francia plantea limitar incluso la
inmigración legal, las repercusiones no afectan únicamente a la inmigración
irregular.
También puede producirse un desplazamiento de
flujos legales como trabajadores, reagrupaciones familiares, solicitantes de
permisos, demandantes de asilo, mano de obra extranjera.
Parte de esos flujos puede acabar concentrándose
más en territorios cercanos como Euzkadi, especialmente si España mantiene
políticas más laxas o procesos de regularización distintos.
Es decir: la presión no sería solamente policial
o humanitaria, sino que también sería administrativa, económica, laboral, y
habitacional.
Emerge una contradicción europea. Su necesidad de mano de obra, Pero al mismo tiempo muchos gobiernos europeos están endureciendo sus discursos porque observan saturación de servicios públicos, problemas de integración, aumento de tensión social, inseguridad, crecimiento de partidos populistas, y crisis de vivienda. Y mientras París, Berlín o Copenhague endurecen posiciones, en España muchas veces se sigue abordando el debate desde el eslogan ideológico. Sin planificación real. Sin estrategia territorial. Y sin reconocer el impacto específico sobre territorios frontera como Euzkadi.
Ante esto el Gobierno Vasco reclama dentro del Pacto Europeo de Migración y
Asilo participación directa de Euzkadi, capacidad de gestión, coordinación
transfronteriza, financiación europea, y reconocimiento institucional de la
Frontera Norte. Porque aquí se vive sobre el terreno pero cada decisión de
Paris repercute inmediatamente en Gipuzkoa y Bizkaia
Lo ocurrido en Francia demuestra algo evidente y
es que Europa está entrando en una nueva fase migratoria. Y quien no quiera
entender la importancia estratégica de la Frontera Norte simplemente está
ignorando la realidad geopolítica que ya se está configurando delante de
nuestros ojos.
Muchos países europeos empiezan a reconocer un
problema que durante años se intentó minimizar: cuando la integración fracasa y
los flujos migratorios se concentran masivamente en determinados barrios,
aparecen dinámicas de segregación social y cultural muy difíciles de revertir.
Francia, Bélgica, Suecia o Reino Unido llevan
años debatiendo sobre barrios cerrados socialmente, guetos urbanos, fracaso de
integración, aumento de delincuencia organizada, radicalización, y pérdida de
autoridad efectiva del Estado en determinadas zonas.
En varios países nórdicos incluso se ha llegado a
hablar oficialmente de “sociedades paralelas”, donde determinadas costumbres,
normas religiosas o códigos comunitarios terminan imponiéndose de facto sobre
las leyes y valores del propio Estado europeo.
El problema no afecta únicamente a inmigrantes
recién llegados. En muchos casos son dinámicas enquistadas ya en segunda o
tercera generación, especialmente en grandes periferias urbanas francesas,
suecas o británicas.
Durante años se presentó a Suecia como ejemplo
del multiculturalismo europeo. Sin embargo, hoy incluso instituciones suecas
reconocen problemas de segregación, tensión social y auge de movimientos
antinmigración.
En Francia ocurre algo parecido. El modelo
republicano francés apostó históricamente por la asimilación, pero el propio
debate político francés reconoce ya enormes dificultades de integración en
determinados suburbios urbanos.
Y en Reino Unido la presión migratoria y la
percepción de pérdida de control fronterizo han alimentado un endurecimiento
político cada vez mayor, tanto en conservadores como incluso en laboristas. El
surgimiento y auge de la ultraderecha nace de contradicciones europeas. .
Mientras parte de la izquierda continúa abordando
cualquier debate migratorio únicamente desde parámetros morales o ideológicos,
amplios sectores sociales europeos perciben: pérdida de identidad cultural, inseguridad,
presión sobre vivienda y servicios públicos, cambios acelerados en barrios
enteros, y sensación de que el Estado pierde capacidad de control.
Ese caldo de cultivo ha alimentado el crecimiento
de fuerzas identitarias y ultraderechistas en prácticamente toda Europa.
No es casualidad que: Marine Le Pen crezca en
Francia, Reform UK en Reino Unido, Demócratas Suecos en Suecia, AfD en
Alemania, o Vox en España.
La inmigración masiva y la sensación de pérdida
de cohesión nacional se han convertido en uno de los grandes motores políticos
europeos.
Euzkadi no es ajena a este escenario. Si Francia
endurece controles y parte de los flujos migratorios quedan retenidos al sur de
la frontera, Euzkadi puede experimentar tensiones similares a menor escala. Como
ya hemos relatado concentración territorial, presión sobre vivienda, saturación
de recursos, dificultades de integración, y aparición de bolsas de exclusión
social.
Por eso el debate sobre la Frontera Norte no es
solo policial o administrativo. Es también: cultural, social, económico, y de
cohesión comunitaria.
Porque ignorar los problemas reales solo provoca
que el malestar social termine siendo capitalizado por discursos extremistas.
Y eso precisamente es lo que ya está ocurriendo
en buena parte de Europa.
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