Aberri Eguna es la afirmación de que Euzkadi existe como realidad política,
social y colectiva. No es una tradición más dentro del calendario vasco.
En 1932, en un contexto europeo convulso y en
pleno debate sobre identidades, pueblos y Estados, el primer Aberri Eguna nació
como reafirmación de un pueblo que se quería constituir como un ente soberano y
dueño de su destino. La decisión de un pueblo de reconocerse a sí mismo y de
expresarlo públicamente. No contra nadie, sino a favor de su propia existencia.
Pero la historia no fue sencilla. Todo lo
contrario.
Guerra, exilio, dictadura y prohibiciones
intentaron borrar esa realidad. Se persiguieron símbolos, se reprimió la
lengua, se intentó diluir una identidad milenaria en un modelo uniforme. Con declaraciones
tan miserables como las del alcalde de Bilbao, el falangista Jose María de Areilza,
nombrado regidor por los sublevados, dedicadas al Lehendakari Agirre tras
afirmar que “ha caído vencida, aniquilada para siempre esa horrible pesadilla
siniestra y atroz, que se llamaba Euskadi”
Durante décadas, expresar lo que hoy se reivindica
abiertamente suponía riesgo, silencio o clandestinidad. Se prohibió la bandera,
pero no el país. Se quiso acallar ese sentimiento como nación, como pueblo,
pero haciendo haciendo suyo aquellas palabras del Lehendakari Jose Antonio
Agirre "El territorio vasco ha sido conquistado, pero el alma del pueblo
vasco no será jamás vencida." Este pueblo decidió pervivir.
Porque una nación. No depende de un decreto ni se sostiene únicamente en
estructuras formales. Es algo más profundo: una conciencia compartida, una
voluntad colectiva, una forma de entender el mundo y de organizarse como
comunidad.
Euzkadi es hoy una realidad con autogobierno,
con capacidad de gestión, con un tejido económico sólido y con una presencia
cada vez más visible en Europa. No hablamos de una idea abstracta, sino de un
modelo que funciona, que toma decisiones y que construye futuro desde sus
propias herramientas.
Cuestiona el relato de que solo existen las
naciones que tienen Estado. Cuestiona la idea de que todo debe pasar por
estructuras centralizadas. Y demuestra, en la práctica, que hay otras formas de
construir país, de gestionar y de avanzar.
Cada vez que se intenta reducir Aberri Eguna a
folklore, en realidad se está intentando desactivarlo. Convertirlo en algo
inofensivo, en una expresión cultural sin contenido político.
Aberri Eguna no debe celebrarse un día al año, sino debe estar presente en la
vida cotidiana. No eslóganes que se repiten tres o cuatro veces al año, sino recordatorio
de que el trabajo diario debe estar centrado en una máxima: Recuperación de la soberanía
nacional.
Euskotarren Aberria Euzkadi da.
Gora Euzkadi
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