Prestaciones sin arraigo: el riesgo de una integración fallida
El reciente goteo de informaciones sobre el uso instrumental de nuestros servicios sociales en Bizkaia nos obliga a una reflexión profunda. Nuestra prioridad es la construcción de una comunidad cohesionada, justa y soberana. Por ello, no podemos permanecer indiferentes ante el fraude de ley cometido por familias extranjeras con recursos que delegan la crianza de sus hijos en nuestras instituciones. Hay una línea que no se puede cruzar: el abuso de los recursos públicos.
Partimos de una premisa clara: un menor donde mejor está es con su familia. La tutela pública es una medida excepcional para situaciones de desamparo real, no un servicio de internado gratuito para quienes, teniendo solvencia en sus países de origen, deciden externalizar la responsabilidad parental
Defender nuestro sistema de protección no es excluir. Es garantizar que funcione para quien realmente lo necesita.
Cuando existen casos en los que familias con recursos delegan la crianza en instituciones públicas, estamos ante algo más grave que un fallo administrativo: No es solo un problema legal. Es una quiebra del principio de responsabilidad familiar.
Cuando se produce un uso indebido de los recursos: Se reduce capacidad para políticas de vivienda, se tensiona la atención a mayores y se limita la ayuda a quienes realmente están en situación de vulnerabilidad
En definitiva, la solidaridad no puede
confundirse con ausencia de control ya que un sistema sin control deja de ser
justo.
La construcción nacional exige que quien llegue a Euzkadi lo haga con voluntad de arraigo. La verdadera integración no es sólo recibir una prestación; es el compromiso con nuestra lengua, el euskera, y con nuestra cultura.
El fraude de ley rompe el contrato social: no busca la adhesión a nuestro proyecto de nación, sino el aprovechamiento de su infraestructura.
Queremos ciudadanos que formen parte de nuestra realidad cultural, no usuarios que instrumentalizan nuestras leyes para beneficio propio.
Aquí está uno de los debates más incómodos y
necesarios. Integrarse no es únicamente acceder a prestaciones. Es formar parte
de una comunidad. Y eso implica: Participar en la vida social, respetar normas
y valores y también acercarse a la lengua y cultura propias, como el euskera
La integración exige reciprocidad. Cuando lo que
se produce es un uso instrumental del sistema, se rompe ese equilibrio. No
hablamos de origen. Hablamos de actitud y compromiso.
Cuando se utiliza el sistema para fines distintos
a los que fue creado se rompe el
contrato social.
El sistema de bienestar está diseñado para
proteger situaciones de necesidad real. Si se convierte en un recurso de uso
estratégico, pierde legitimidad. Y cuando pierde legitimidad aumenta la
desconfianza social, se debilita el consenso y Se pone en riesgo el propio
modelo
Estos casos demuestran que, mientras no tengamos plena soberanía sobre nuestras fronteras y políticas de extranjería, nuestras instituciones seguirán siendo meras gestoras de decisiones tomadas en Madrid o de fraudes internacionales que no podemos sancionar.
Ser una sociedad acogedora exige ser una sociedad responsable. Debemos proteger nuestro modelo social de cualquier abuso para garantizar que Euzkadi siga siendo un hogar sólido, justo y, sobre todo, dueño de su propio destino y de sus recursos.
Es deber de nuestras instituciones proteger nuestro sistema social con rigor y responsabilidad, ya que ser una sociedad acogedora no significa renunciar al control. Significa precisamente lo contrario Garantizar que el sistema sea sostenible. defender a quienes realmente lo necesitan, y preservar un modelo que forma parte de nuestro autogobierno
Quien llega a Euzkadi no solo accede a derechos; adquiere también un compromiso con la sociedad que le acoge. Integrarse no es una opción secundaria, es una responsabilidad básica: implica respetar nuestras normas, conocer y participar en nuestras costumbres, entender la historia que nos ha traído hasta aquí y, de manera especial, acercarse a nuestra lengua, el euskera, como elemento central de cohesión.
No se trata de imponer identidades,
sino de construir convivencia. Porque una comunidad sólida no se sostiene solo
sobre prestaciones, sino sobre el compromiso compartido de formar parte de
ella.
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