Huelga general del 17-M: ¿reivindicación laboral o estrategia de desgaste político?
La convocatoria de huelga general del 17 de
marzo en Euzkadi, impulsada por los sindicatos ELA y LAB,
con el apoyo político de EH Bildu, vuelve a situar en el centro del
debate una reivindicación que, más allá de los titulares, plantea una pregunta
de fondo:
¿se busca realmente un salario mínimo vasco o se pretende mantener una
tensión política permanente contra el Gobierno Vasco?
La demanda central de la huelga es conocida: un Salario Mínimo Interprofesional propio de 1.500 euros para Euzkadi.
La reivindicación puede parecer atractiva a primera vista, pero choca con una
realidad jurídica que todos conocen: Euzkadi no tiene competencia para fijar
el SMI. Esa competencia corresponde al Gobierno del Estado.
Tengo dudas razonables de si el objetivo real sea
lograr un SMI vasco, o mantener a la ciudadanía tensionada. Esta estrategia
política debería dirigirse a quien tiene la capacidad de decidirlo: El
Ejecutivo español y el Parlamento en Madrid. Sin embargo, el foco de la
movilización se sitúa una vez más contra el Gobierno Vasco, como si
fuese responsable de una competencia que no posee.
Da la impresión de que la huelga responde más
a una lógica de confrontación política que a una estrategia real para conseguir
un cambio legislativo.
La paradoja de
EH Bildu en Madrid
La incoherencia resulta aún más evidente si se
analiza la posición de EH Bildu en la política estatal.
EH Bildu ha demostrado en los últimos años una
notable capacidad para influir en la gobernabilidad del Ejecutivo de Pedro
Sánchez, apoyando presupuestos, reformas y numerosas iniciativas
legislativas, a cambio de nada o de intereses espurios, y/o particulares, que
en nada tienen que ver con los intereses de toda la sociedad.
Sin embargo, no se ha visto la misma
determinación para impulsar un cambio legal que permita establecer un SMI
propio para Euzkadi.
La pregunta surge por sí sola:
Si el objetivo fuese realmente el SMI vasco, ¿por
qué no se ha convertido en una exigencia política en Madrid?
El papel del
movimiento de pensionistas
En ese contexto, resulta cada vez más evidente cómo determinados movimientos sociales acaban integrándose en esa misma dinámica.
En esta convocatoria también llama la atención el respaldo de sectores del llamado movimiento de pensionistas.
Un movimiento que nació con una reivindicación legítima —la defensa de
pensiones dignas— pero que con el paso del tiempo ha ido siendo claramente
instrumentalizado por determinados espacios políticos y sindicales.
Cada nueva convocatoria impulsada por ELA, LAB o EH Bildu acaba encontrando el respaldo de parte de ese movimiento, lo que refuerza la sensación de que se está utilizando una causa social legítima como plataforma para la confrontación política permanente. Máxime si tenemos en cuenta los perfiles de los promotores de dicho movimiento
Y eso no es casualidad.
Porque cuando una movilización social acaba incorporándose a una estrategia política concreta, corre el riesgo de dejar de ser un movimiento transversal para convertirse en un actor más dentro de un bloque político determinado.
Y Euzkadi ya ha vivido demasiadas veces ese guion.
La política de
la tensión permanente
Euzkadi ha construido durante décadas un modelo basado en instituciones sólidas, negociación colectiva y acuerdos sociales amplios.
Frente a ese modelo institucional, algunos siguen apostando por la estrategia de la tensión permanente: huelgas generales, movilización constante y confrontación política continua.
No es una novedad.
Es la misma lógica que se ha visto en conflictos industriales, en la
negociación colectiva o en debates institucionales: mantener el espacio
público en permanente agitación para debilitar a las instituciones surgidas de
las urnas.
La pregunta
que queda en el aire
Por eso, ante la huelga del 17-M, conviene
plantear la cuestión con claridad:
¿Se pretende realmente avanzar hacia un salario
mínimo vasco o simplemente desgastar al Gobierno Vasco elegido
democráticamente?
Porque si el objetivo fuese el primero, el debate
debería centrarse donde corresponde: en el marco competencial y en la
capacidad de decisión del Estado.
Pero si lo que se busca es otra cosa —alimentar
una dinámica de confrontación permanente— entonces esta huelga no será más que una
nueva expresión de una estrategia política conocida: la huelga por la huelga.

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