15 mar 2026

Huelga general del 17-M: ¿reivindicación laboral o estrategia de desgaste político?

ELA, Bildu y la política de la tensión permanente 
Cuando la huelga sirve más para agitar que para resolver

La convocatoria de huelga general del 17 de marzo en Euzkadi,  impulsada por los sindicatos ELA y LAB, con el apoyo político de EH Bildu, vuelve a situar en el centro del debate una reivindicación que, más allá de los titulares, plantea una pregunta de fondo:
¿se busca realmente un salario mínimo vasco o se pretende mantener una tensión política permanente contra el Gobierno Vasco?

La demanda central de la huelga es conocida: un Salario Mínimo Interprofesional propio de 1.500 euros para Euzkadi.

La reivindicación puede parecer atractiva a primera vista, pero choca con una realidad jurídica que todos conocen: Euzkadi no tiene competencia para fijar el SMI. Esa competencia corresponde al Gobierno del Estado.

Tengo dudas razonables de si el objetivo real sea lograr un SMI vasco, o mantener a la ciudadanía tensionada. Esta estrategia política debería dirigirse a quien tiene la capacidad de decidirlo: El Ejecutivo español y el Parlamento en Madrid. Sin embargo, el foco de la movilización se sitúa una vez más contra el Gobierno Vasco, como si fuese responsable de una competencia que no posee.

Da la impresión de que la huelga responde más a una lógica de confrontación política que a una estrategia real para conseguir un cambio legislativo.

La paradoja de EH Bildu en Madrid

La incoherencia resulta aún más evidente si se analiza la posición de EH Bildu en la política estatal.

EH Bildu ha demostrado en los últimos años una notable capacidad para influir en la gobernabilidad del Ejecutivo de Pedro Sánchez, apoyando presupuestos, reformas y numerosas iniciativas legislativas, a cambio de nada o de intereses espurios, y/o particulares, que en nada tienen que ver con los intereses de toda la sociedad.

Sin embargo, no se ha visto la misma determinación para impulsar un cambio legal que permita establecer un SMI propio para Euzkadi.

La pregunta surge por sí sola:

Si el objetivo fuese realmente el SMI vasco, ¿por qué no se ha convertido en una exigencia política en Madrid?

El papel del movimiento de pensionistas

En ese contexto, resulta cada vez más evidente cómo determinados movimientos sociales acaban integrándose en esa misma dinámica.

En esta convocatoria también llama la atención el respaldo de sectores del llamado movimiento de pensionistas.

Un movimiento que nació con una reivindicación legítima —la defensa de pensiones dignas— pero que con el paso del tiempo ha ido siendo claramente instrumentalizado por determinados espacios políticos y sindicales.

Cada nueva convocatoria impulsada por ELA, LAB o EH Bildu acaba encontrando el respaldo de parte de ese movimiento, lo que refuerza la sensación de que se está utilizando una causa social legítima como plataforma para la confrontación política permanente. Máxime si tenemos en cuenta los perfiles de los promotores de dicho movimiento

Y eso no es casualidad.

Porque cuando una movilización social acaba incorporándose a una estrategia política concreta, corre el riesgo de dejar de ser un movimiento transversal para convertirse en un actor más dentro de un bloque político determinado.

Y Euzkadi ya ha vivido demasiadas veces ese guion.

La política de la tensión permanente

Euzkadi ha construido durante décadas un modelo basado en instituciones sólidas, negociación colectiva y acuerdos sociales amplios.

Frente a ese modelo institucional, algunos siguen apostando por la estrategia de la tensión permanente: huelgas generales, movilización constante y confrontación política continua.

No es una novedad.

Es la misma lógica que se ha visto en conflictos industriales, en la negociación colectiva o en debates institucionales: mantener el espacio público en permanente agitación para debilitar a las instituciones surgidas de las urnas.

La pregunta que queda en el aire

Por eso, ante la huelga del 17-M, conviene plantear la cuestión con claridad:

¿Se pretende realmente avanzar hacia un salario mínimo vasco o simplemente desgastar al Gobierno Vasco elegido democráticamente?

Porque si el objetivo fuese el primero, el debate debería centrarse donde corresponde: en el marco competencial y en la capacidad de decisión del Estado.

Pero si lo que se busca es otra cosa —alimentar una dinámica de confrontación permanente— entonces esta huelga no será más que una nueva expresión de una estrategia política conocida: la huelga por la huelga.

 


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