4 mar 2026

Irán y el derecho internacional: ¿Cuando es legal empezar una guerra?

Irán y el derecho internacional: Diplomacia frente a unilateralismo

El conflicto en torno a Irán vuelve a colocar sobre la mesa una cuestión esencial: ¿quién decide cuándo empieza una guerra y bajo qué legitimidad?

La Carta de la Organización de las Naciones Unidas establece con claridad la prohibición del uso de la fuerza salvo en dos supuestos: legítima defensa ante un ataque armado o autorización expresa del Consejo de Seguridad. Todo lo demás entra en el terreno del unilateralismo, cuando no directamente en la vulneración del orden jurídico internacional.

La pregunta es evidente:
¿Se puede combatir una teocracia autoritaria saltándose las reglas del derecho internacional?
¿O el remedio termina erosionando el mismo orden jurídico que se dice defender?

Otro debate es el uso de bases militares situadas en terceros países para operaciones ofensivas.

Desde el punto de vista jurídico, el uso de instalaciones militares en territorio de un Estado requiere consentimiento del país anfitrión. Pero ese consentimiento no es neutro: implica asumir responsabilidad política e incluso jurídica por las acciones realizadas desde ese territorio.

Si una operación militar no cuenta con cobertura de Naciones Unidas ni responde a un ataque previo en legítima defensa, el debate deja de ser meramente estratégico y pasa a ser jurídico y ético.

Nadie discute que el régimen iraní presenta rasgos teocráticos y restricciones severas de derechos políticos y civiles. Pero el derecho internacional no contempla la “abolición de una dictadura” como causa autónoma para iniciar una guerra.

Aquí aparece la otra dimensión: la geopolítica.
Equilibrios regionales, seguridad energética, rivalidades globales, alianzas estratégicas.

Cuando el discurso de la liberación en este caso de Irán,  convive con intereses estratégicos, la línea entre principios y poder se vuelve difusa.

Si el orden internacional se basa en reglas, esas reglas deben aplicarse también cuando resultan incómodas para las grandes potencias.

La coherencia en política exterior no consiste en elegir enemigos correctos, sino en mantener principios estables.

Porque si hoy se normaliza que cada Estado decida unilateralmente cuándo intervenir, mañana ese mismo criterio podrá aplicarse en cualquier otro lugar.

El conflicto en torno a Irán vuelve a plantear una pregunta incómoda: ¿quién decide cuándo empieza una guerra?

La Carta de la Organización de las Naciones Unidas es clara: el uso de la fuerza solo es legal en caso de legítima defensa o con autorización del Consejo de Seguridad. Fuera de esos supuestos, hablamos de decisiones unilaterales que erosionan el orden internacional.

Nadie discute que el régimen iraní sea una teocracia con graves déficits democráticos. Pero el derecho internacional no contempla el “cambio de régimen” co
mo causa legítima para iniciar una guerra.
Si se normaliza que cada potencia actúe por su cuenta invocando valores, el sistema de reglas se convierte en papel mojado.

Y entonces la cuestión ya no es Irán.

La cuestión es si queremos un orden internacional basado en normas… o en el u la fuerza.


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