Tubos Reunidos: Valentía o liderazgo.
El futuro de Tubos Reunidos vuelve a
situar sobre la mesa uno de los debates más difíciles de la política
industrial: cómo garantizar la viabilidad de una empresa sin destruir empleo.
La compañía arrastra una deuda superior a los 260
millones de euros, parte de ella vinculada al préstamo concedido por la SEPI
durante la pandemia. Esta Sociedad Publica ha abierto la puerta a flexibilizar
los plazos de devolución, pero no contemplan una quita de la deuda.
Eso significa que la empresa deberá seguir
afrontando ese compromiso financiero.
Al mismo tiempo, la dirección plantea reducir
costes para asegurar la viabilidad futura, que pasa, inevitablemente, por
un ajuste de plantilla que preocupan profundamente en Aiaraldea.
En este contexto, el Parlamento Vasco ha aprobado
una resolución institucional respaldada por todos los grupos políticos para impulsar
un proyecto industrial viable que garantice el futuro de la compañía.
El mensaje político es claro:
Euzkadi quiere que Tubos Reunidos tenga futuro, sin que afecte al mantenimiento
de los puestos de trabajo.
Es prioritario dar estabilidad a la compañía para
relanzar su actividad, pero, a la vez, prioritario, también, estabilidad en la
plantilla, reduciendo al minimo posible un ajuste en caso de fuerza mayor.
Salvar una empresa industrial exige encontrar un
equilibrio difícil entre tres factores:
- la viabilidad económica de la empresa
- la sostenibilidad de su deuda
- y la protección del empleo
Si cualquiera de esos tres elementos falla, el
proyecto puede quedar en riesgo.
Por eso el objetivo debe ser claro:
Un plan industrial que garantice competitividad sin convertir el empleo en
la única variable de ajuste.
Aiaraldea ha construido su identidad alrededor de
la industria.
Perder capacidad industrial no solo afecta a una empresa: afecta al futuro de
toda una comarca.
La negociación del ERE también está evidenciando tensiones dentro del frente sindical.
Mientras sindicatos como CCOO y UGT se
muestran dispuestos a explorar vías de acuerdo que permitan reducir el impacto
del ajuste, el sindicato ELA mantiene una estrategia de confrontación.
Sin embargo, esa línea dura está generando
tensiones incluso dentro del propio sindicato.
Delegados y afiliados de la planta de Trapagaran
han decidido apoyar el acuerdo planteado en Tubos Reunidos, desmarcándose de la
posición oficial de la central sindical. La decisión ha provocado un choque
interno sin precedentes entre distintas secciones del sindicato.
Algunos delegados han denunciado incluso presiones
internas para mantener la línea oficial de confrontación, lo que refleja
hasta qué punto el conflicto sindical se ha tensado en las últimas semanas.
La situación revela una realidad incómoda: la
estrategia de confrontación permanente no cuenta con el respaldo unánime ni
siquiera dentro del propio sindicato.
Cuando incluso parte de sus propios afiliados optan por la negociación, quizá ha llegado el momento de preguntarse si la confrontación permanente sigue siendo una estrategia útil para defender el empleo.
Porque cuando lo que está en juego es el futuro industrial de una comarca, la confrontación permanente rara vez ayuda a construir soluciones duraderas.
Cuando el futuro de una empresa industrial y
cientos de empleos están en juego, muchos trabajadores parecen optar por
explorar vías de acuerdo antes que instalarse en un conflicto sin salida.
En medio de este debate también han sorprendido algunas declaraciones institucionales.
El consejero de Industria, Mikel Jauregi, llegó a plantear recientemente una pregunta que resulta, como mínimo, poco afortunada e impropios del responsable de liderar una defensa institucional de nuestra modelo industrial
"¿Quién es el valiente que en estas circunstancias, con la guerra en Irán, va a entrar a rescatar a Tubos Reunidos?"
Cuando está en juego el futuro industrial de una empresa estratégica y de cientos de empleos en Aiaraldea, el mensaje que se espera de las instituciones no es el de la resignación, sino el del liderazgo.
El debate sobre empresas como Tubos Reunidos no es solo un problema puntual. Forma parte de un reto mayor: seguir defendiendo el tejido industrial que ha sido uno de los pilares del desarrollo económico y social de Euskadi.

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