Euzkadi,
frontera norte sin reconocimiento
El enfrentamiento entre Moreno Bonilla y el lehendakari Imanol Pradales vuelve a poner sobre la mesa un debate mal planteado: la acogida de menores migrantes no acompañados.
Pradales ha recordado que Euzkadi ya acoge a
más menores de los que le corresponde por cupo: frente a las 731 plazas
oficiales, son 859 los atendidos, e incluso 1 778 según
cifras ministeriales.
El dato que aporta mayor perspectiva lo dio el
propio lehendakari: Cruz Roja ha atendido en los últimos seis años a cerca
de 40 000 personas en la frontera de Irun, una cifra que refleja el flujo
constante de migrantes que buscan cruzar hacia Francia y que quedan bloqueados
cuando el país vecino cierra sus pasos fronterizos.
A esta presión fronteriza se suma otro fenómeno: aproximadamente
la mitad de los menores no acompañados que llegan a Euzkadi lo hacen en autobús
desde Andalucía, lo que amplía la responsabilidad vasca en el conjunto del
sistema estatal de acogida.
El Estado ha aprobado 100 millones para un
reparto extraordinario desde Canarias y Ceuta, pero Euskadi ha quedado
exenta por el esfuerzo previo. Eso sí: sin financiación específica, lo que
obliga a diputaciones y municipios a aumentar sus presupuestos y declarar la
excepcionalidad en sus servicios sociales.
Este verano, el Gobierno central, con apoyo del Gobierno
Vasco y el Ayuntamiento de Vitoria, ha trasladado a 400 refugiados solicitantes
de asilo hacia centros de acogida en distintas comunidades. En paralelo, se
están usando recursos temporales en Oñati y Tolosa, y se proyecta abrir
en 2026 un nuevo centro en la Antigua clínica Arana de Vitoria.
La paradoja es clara: Euzkadi hace más de lo que le toca, pero sin recursos suficientes. Mientras tanto, algunos líderes prefieren el ruido político a la cooperación. El lehendakari lo resumió con una frase que debería ser lema compartido:
Euskadi es ya frontera norte, lo reconozca o no la estadística oficial. Atiende, acoge e integra a más menores de los que su cupo dicta. Lo hace con la presión añadida de Irun y con recursos propios que se estiran hasta el límite. Y, mientras tanto, escucha reproches desde quienes prefieren señalar antes que arrimar el hombro.
"Menos polemica y mas colaboracion"
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