26 may 2026

EL DOBLE RASERO MORAL DE EH BILDU Y SU ENTORNO: ISRAEL SÍ, OTROS NO

Resulta curioso contemplar el discurso moralista, buenista e idealista de determinados sectores políticos y mediáticos cuando descubren que la seguridad del aeropuerto de Loiu puede estar gestionada por una empresa israelí, o cuando una empresa vasca como CAF firma contratos internacionales relacionados con Israel.

De repente aparecen los guardianes de la pureza ética, los mismos que llevan años defendiendo una economía globalizada cuando les interesa, pero que ahora pretenden convertir determinadas relaciones comerciales en un pecado político.

La pregunta es muy sencilla: ¿por qué Israel sí y otros países no?

Porque si el criterio es realmente ético y humanitario, entonces habría que revisar inmediatamente las relaciones económicas, comerciales y energéticas con Arabia Saudí, China, Catar, Turquía o incluso países que mantienen graves denuncias internacionales en materia de derechos humanos, libertades políticas o derechos laborales.

¿O acaso China es el paradigma de las libertades democráticas? ¿Arabia Saudí representa la igualdad y los derechos humanos? ¿Rusia es un modelo político ejemplar? ¿Qatar lo era mientras se construían estadios para el Mundial?

Sin embargo, ahí nunca vemos campañas permanentes de boicot por parte de EH Bildu y su entorno. No vemos la misma indignación cuando llegan inversiones asiáticas, petróleo árabe o productos fabricados en condiciones laborales que en Europa serían ilegales.

Estamos ante un debate moral o estamos ante un debate puramente ideológico y propagandístico.

Las empresas vascas compiten en una economía global. CAF, Sidenor, empresas tecnológicas, ingenierías o firmas de seguridad se presentan a concursos internacionales porque necesitan carga de trabajo, contratos y estabilidad industrial.

Y cuando esos contratos se consiguen, quienes verdaderamente se benefician son miles de trabajadores vascos: trabajadores que viven en Euzkadi, que cotizan en Euzkadi, que pagan impuestos en Euzkadi, y que sostienen buena parte de nuestro estado de bienestar.

Eso es lo que EH Bildu parece olvidar constantemente desde su comodidad discursiva.

Cuando una empresa israelí gana un concurso público, normalmente lo hace porque ha cumplido las condiciones técnicas y económicas exigidas en un procedimiento legal y abierto. Exactamente igual que hacen empresas vascas cuando compiten en otros mercados internacionales.

¿O acaso EH Bildu propone ahora vetar empresas por nacionalidad? ¿Empezaremos a hacer listas políticas de países “permitidos” y “prohibidos” según convenga al relato ideológico del momento?

Porque eso tiene un nombre: sectarismo económico.

Lo más paradójico es que quienes hoy se escandalizan por relaciones comerciales con Israel jamás han tenido demasiados reparos en colaborar políticamente con regímenes o movimientos internacionales, ejemplo Cuba, Venezuela, etc, profundamente alejados de los estándares democráticos occidentales.

El problema de fondo es otro:
EH Bildu y su entorno siguen instalados en una política emocional y simbólica, mientras otros intentan gestionar una economía real.

Una economía donde las empresas necesitan contratos. Donde la industria necesita mercados, donde los trabajadores necesitan empleo. y donde Euzkadi no puede permitirse vivir aislada del mundo por consignas ideológicas de salón.

La política de pancarta puede dar réditos electorales a corto plazo. Otros intentan mantener fábricas abiertas, nóminas pagadas y tejido industrial competitivo.

Y esa diferencia empieza a ser cada vez más evidente para mucha gente.

 


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