EL DOBLE RASERO MORAL DE EH BILDU Y SU ENTORNO: ISRAEL SÍ, OTROS NO
Resulta curioso contemplar el discurso moralista, buenista e idealista de
determinados sectores políticos y mediáticos cuando descubren que la seguridad
del aeropuerto de Loiu puede estar gestionada por una empresa israelí, o cuando
una empresa vasca como CAF firma contratos internacionales relacionados con
Israel.
De repente aparecen los guardianes de la pureza ética, los mismos que llevan
años defendiendo una economía globalizada cuando les interesa, pero que ahora
pretenden convertir determinadas relaciones comerciales en un pecado político.
La pregunta es muy sencilla: ¿por qué Israel sí y otros países no?
Porque si el criterio es realmente ético y humanitario, entonces habría que
revisar inmediatamente las relaciones económicas, comerciales y energéticas con
Arabia Saudí, China, Catar, Turquía o incluso países que mantienen graves
denuncias internacionales en materia de derechos humanos, libertades políticas
o derechos laborales.
¿O acaso China es el paradigma de las libertades democráticas? ¿Arabia Saudí
representa la igualdad y los derechos humanos? ¿Rusia es un modelo político
ejemplar? ¿Qatar lo era mientras se construían estadios para el Mundial?
Sin embargo, ahí nunca vemos campañas permanentes de boicot por parte de EH
Bildu y su entorno. No vemos la misma indignación cuando llegan inversiones
asiáticas, petróleo árabe o productos fabricados en condiciones laborales que
en Europa serían ilegales.
Estamos ante un debate moral o estamos ante un debate puramente ideológico y
propagandístico.
Las empresas vascas compiten en una economía global. CAF, Sidenor, empresas
tecnológicas, ingenierías o firmas de seguridad se presentan a concursos
internacionales porque necesitan carga de trabajo, contratos y estabilidad
industrial.
Y cuando esos contratos se consiguen, quienes verdaderamente se benefician
son miles de trabajadores vascos: trabajadores que viven en Euzkadi, que
cotizan en Euzkadi, que pagan impuestos en Euzkadi, y que sostienen buena parte
de nuestro estado de bienestar.
Eso es lo que EH Bildu parece olvidar constantemente desde su comodidad
discursiva.
Cuando una empresa israelí gana un concurso público, normalmente lo hace
porque ha cumplido las condiciones técnicas y económicas exigidas en un
procedimiento legal y abierto. Exactamente igual que hacen empresas vascas
cuando compiten en otros mercados internacionales.
¿O acaso EH Bildu propone ahora vetar empresas por nacionalidad? ¿Empezaremos
a hacer listas políticas de países “permitidos” y “prohibidos” según convenga
al relato ideológico del momento?
Porque eso tiene un nombre: sectarismo económico.
Lo más paradójico es que quienes hoy se escandalizan por relaciones
comerciales con Israel jamás han tenido demasiados reparos en colaborar
políticamente con regímenes o movimientos internacionales, ejemplo Cuba, Venezuela, etc, profundamente
alejados de los estándares democráticos occidentales.
El problema de fondo es otro:
EH Bildu y su entorno siguen instalados en una política emocional y simbólica,
mientras otros intentan gestionar una economía real.
Una economía donde las empresas necesitan contratos. Donde la industria
necesita mercados, donde los trabajadores necesitan empleo. y donde Euzkadi no
puede permitirse vivir aislada del mundo por consignas ideológicas de salón.
La política de pancarta puede dar réditos electorales a corto plazo. Otros
intentan mantener fábricas abiertas, nóminas pagadas y tejido industrial
competitivo.
Y esa diferencia empieza a ser cada vez más evidente para mucha gente.
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