45 años después, todavía intentan presentar el autogobierno vasco como un privilegio
45 años después de la recuperación del Concierto
Económico, el Gobierno Vasco reconoce algo que muchos llevamos tiempo viendo
con claridad: fuera de Euzkadi se ha instalado un relato profundamente
distorsionado sobre el sistema foral vasco.
La noticia publicada estos días lo admite sin
rodeos. Según el estudio encargado por el propio Ejecutivo vasco, apenas un
pequeño porcentaje de ciudadanos del Estado conoce realmente cómo funciona el
Concierto Económico, mientras que una parte importante lo asocia a conceptos
como “privilegio”, “insolidaridad” o “trato de favor”.
Y ahí está precisamente el problema.
Durante años se ha permitido que determinados
discursos políticos y mediáticos construyan una caricatura interesada del
autogobierno vasco. Un relato simplista que intenta presentar el sistema foral
como una especie de concesión arbitraria del Estado a Euzkadi, cuando la
realidad es exactamente la contraria.
En fechas anteriores intentamos hacer un poco de pedagogía sobre el Concierto Económico
El Concierto Económico no consiste en recibir más
dinero. Consiste en asumir más responsabilidad.
Euzkadi recauda sus propios impuestos. Euzkadi
responde de su economía. Euzkadi asume íntegramente el riesgo de su
recaudación. Y Euzkadi, además, aporta al Estado mediante el Cupo para
financiar las competencias no transferidas.
Es decir: si la economía va mal, aquí no hay un
“papá Estado” cubriendo automáticamente el agujero.
Y esa diferencia es fundamental.
Mientras otras comunidades viven instaladas en un
sistema donde el déficit, la deuda o el rescate permanente terminan diluyéndose
en el conjunto estatal, el modelo vasco obliga a gestionar con responsabilidad
real. Recaudar aquí. Administrar aquí. Responder aquí.
Por eso molesta.
Porque el verdadero problema para ciertos
sectores políticos no es el Concierto Económico en sí. El verdadero problema es
que Euzkadi ha demostrado durante décadas que un modelo basado en autogobierno,
cercanía institucional y responsabilidad fiscal puede funcionar mejor que el
modelo centralizado que algunos pretenden imponer como único válido.
Y eso desmonta demasiados discursos.
Resulta especialmente revelador que los ataques
al sistema foral reaparezcan siempre en los mismos momentos: cuando Euzkadi
mantiene mejores indicadores industriales, o cuando resiste mejor determinadas
crisis, o cuando conserva una mayor capacidad de inversión pública, o cuando
logra acuerdos estratégicos gracias a su capacidad financiera propia.
Entonces aparecen las mismas palabras de siempre:
“privilegio”, “insolidaridad”, “agravio”.
Pero curiosamente nunca se habla de privilegio
cuando Euzkadi aporta más al Estado de lo que recibe. Nunca se habla de
insolidaridad cuando la industria vasca sostiene miles de empleos y contribuye
decisivamente al conjunto de la economía estatal. Nunca se habla de agravio
cuando aquí se asume el coste político y económico de gestionar directamente
los ingresos públicos.
La realidad histórica, además, desmonta
completamente el relato victimista que algunos intentan construir.
El sistema foral no fue un regalo. Fue un derecho
histórico recortado, perseguido y parcialmente eliminado durante décadas.
Bizkaia y Gipuzkoa llegaron incluso a perder sus conciertos económicos tras la
Guerra Civil por decisión del franquismo, precisamente como castigo político.
Lo recuperado con el Estatuto de Gernika no fue
un privilegio nuevo, sino la restauración parcial de una tradición histórica de
autogobierno fiscal profundamente arraigada en este país.
Por eso sorprende que el Gobierno Vasco descubra
ahora la necesidad de “explicar” el modelo.
La pedagogía llega tarde.
Durante demasiado tiempo se ha permitido que
otros escribieran el relato sobre Euzkadi fuera de Euzkadi. Durante demasiado
tiempo se ha reaccionado con silencio ante campañas políticas que buscaban
erosionar cualquier singularidad vasca. Durante demasiado tiempo se ha dado por
hecho que la realidad se defendía sola.
En política, quien no explica, pierde el relato.
Defender el Concierto Económico no es defender un
privilegio. Es defender una manera distinta de entender la responsabilidad
institucional, la gestión pública y el autogobierno.

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