12 may 2026

De enemigos institucionales a símbolos nacionales: la hemeroteca (y videoteca) de Bildu

Hay algo profundamente revelador en la evolución del discurso de la izquierda abertzale respecto a determinadas figuras históricas del nacionalismo vasco.

Ha ocurrido, estos días, con la figura del lehendakari Carlos Garaikoetxea. Pero estos vaivenes no son nuevos ya que guardan similitudes con otros momentos de la historia de Euzkadi. Recordemos al Lehendakari Juan Jose Ibarretxe

Mientras ejercieron poder real, mientras lideraban instituciones, mientras condicionaban el rumbo político de Euzkadi, fueron objeto de ataques constantes, desconfianza ideológica y deslegitimación desde sectores que hoy los elevan a la categoría de referentes nacionales.

La hemeroteca está ahí. Y desmonta muchos relatos retrospectivos cuidadosamente maquillados.

El llamado Plan Ibarretxe —probablemente El mayor desafío político planteado al Estado desde las instituciones vascas— tampoco satisfacía a la izquierda abertzale de la época. No era suficiente. No liquidaba el marco autonómico. No incluía a Nafarroa. En definitiva, no respondía al modelo maximalista que entonces exigía Batasuna

Sin embargo, aquello tampoco bastaba para la izquierda abertzale de entonces.

ETA llegó a definir el plan como “una apuesta por la prolongación de la guerra”, mientras Arnaldo Otegi señalaba que la base para cualquier solución debía ser un “proceso constituyente” mucho más radical.

Resulta llamativo escuchar hoy homenajes al lehendakari por parte de quienes, en aquellos años, despreciaban precisamente aquello que ahora dicen admirar.

Visionar algún video que otro on Arnaldo Otegi blandiendo, recientemente, el Plan Ibarretxe, como si fuera suyo, resultaría cómico sino fuese real.

Cuando Ibarretxe hablaba de libre asociación, derecho a decidir y reconocimiento nacional de Euskadi, muchos desde la izquierda abertzale seguían presentándolo como un gestor del autonomismo.

Conviene recordar y recordar a las nuevas generaciones que el Lehendakari Ibarretxe no sólo soportó la ofensiva del Estado. También sufrió la presión permanente de una izquierda abertzale incapaz entonces de separarse claramente de la violencia de ETA.

Mientras desde Madrid se demonizaba cualquier aspiración soberanista vasca, desde el otro extremo se acusaba al lehendakari de tibieza institucional.

La paradoja fue brutal: Para España era demasiado nacionalista, para la izquierda abertzale era demasiado autonomista.

El lehendakari Ibarretxe defendió el derecho a decidir desde vías exclusivamente políticas y democráticas. Sin embargo, otros seguían atrapados entonces en la ambigüedad calculada respecto a ETA.

Ese es el matiz que algunos intentan borrar hoy desde la memoria selectiva. Quizás, Porque resulta mucho más cómodo reivindicar ahora a Ibarretxe, cuando ya no disputa liderazgo político alguno, que reconocer lo que representó realmente en aquel momento.

Resulta legítimo evolucionar políticamente. Lo que no resulta serio es reescribir el pasado.

Hubo años donde el nacionalismo institucional vasco fue combatido simultáneamente desde Madrid… y desde determinados sectores del propio mundo abertzale. Y eso conviene recordarlo.

Especialmente ahora que algunos intentan presentarse como herederos naturales de figuras a las que combatieron precisamente cuando más solas estaban.

 


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