De enemigos institucionales a símbolos nacionales: la hemeroteca (y videoteca) de Bildu
Hay algo profundamente revelador en la evolución
del discurso de la izquierda abertzale respecto a determinadas figuras
históricas del nacionalismo vasco.
Ha ocurrido, estos días, con la figura del
lehendakari Carlos Garaikoetxea. Pero estos vaivenes no son nuevos ya que
guardan similitudes con otros momentos de la historia de Euzkadi. Recordemos al
Lehendakari Juan Jose Ibarretxe
Mientras ejercieron poder real, mientras
lideraban instituciones, mientras condicionaban el rumbo político de Euzkadi,
fueron objeto de ataques constantes, desconfianza ideológica y deslegitimación
desde sectores que hoy los elevan a la categoría de referentes nacionales.
La hemeroteca está ahí. Y desmonta muchos relatos
retrospectivos cuidadosamente maquillados.
El llamado Plan Ibarretxe —probablemente El mayor desafío político planteado al Estado desde las instituciones vascas— tampoco
satisfacía a la izquierda abertzale de la época. No era suficiente. No
liquidaba el marco autonómico. No incluía a Nafarroa. En definitiva, no
respondía al modelo maximalista que entonces exigía Batasuna
Sin embargo, aquello tampoco bastaba para la izquierda abertzale de entonces.
ETA llegó a definir el plan como “una apuesta por la prolongación de la guerra”, mientras Arnaldo Otegi señalaba que la base para cualquier solución debía ser un “proceso constituyente” mucho más radical.
Resulta llamativo escuchar hoy homenajes al
lehendakari por parte de quienes, en aquellos años, despreciaban precisamente
aquello que ahora dicen admirar.
Visionar algún video que otro on Arnaldo Otegi blandiendo, recientemente, el Plan Ibarretxe, como si fuera suyo, resultaría cómico
sino fuese real.
Cuando Ibarretxe hablaba de libre asociación, derecho a decidir y reconocimiento nacional de Euskadi, muchos desde la izquierda abertzale seguían presentándolo como un gestor del autonomismo.
Conviene recordar y recordar a las nuevas
generaciones que el Lehendakari Ibarretxe no sólo soportó la ofensiva del
Estado. También sufrió la presión permanente de una izquierda abertzale incapaz
entonces de separarse claramente de la violencia de ETA.
Mientras desde Madrid se demonizaba cualquier
aspiración soberanista vasca, desde el otro extremo se acusaba al lehendakari
de tibieza institucional.
La paradoja fue brutal: Para España era demasiado
nacionalista, para la izquierda abertzale era demasiado autonomista.
El lehendakari Ibarretxe defendió el derecho a
decidir desde vías exclusivamente políticas y democráticas. Sin embargo, otros
seguían atrapados entonces en la ambigüedad calculada respecto a ETA.
Ese es el matiz que algunos intentan borrar hoy
desde la memoria selectiva. Quizás, Porque resulta mucho más cómodo reivindicar
ahora a Ibarretxe, cuando ya no disputa liderazgo político alguno, que
reconocer lo que representó realmente en aquel momento.
Resulta legítimo evolucionar políticamente. Lo
que no resulta serio es reescribir el pasado.
Hubo años donde el nacionalismo institucional
vasco fue combatido simultáneamente desde Madrid… y desde determinados sectores
del propio mundo abertzale. Y eso conviene recordarlo.
Especialmente ahora que algunos intentan
presentarse como herederos naturales de figuras a las que combatieron
precisamente cuando más solas estaban.
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