De enemigo institucional a figura de consenso: la amnesia política sobre Carlos Garaikoetxea
La muerte de Carlos Garaikoetxea ha abierto una
avalancha de elogios institucionales. Políticos de casi todos los espacios,
analistas y comentaristas hablan hoy del “padre de las instituciones vascas”,
del “primer Lehendakari de la democracia” o de un “hombre de país”.
Y sin embargo, muchos de los que hoy compiten por
aparecer en la fotografía del homenaje fueron precisamente quienes durante años
cuestionaron, desgastaron o incluso combatieron políticamente su figura.
No es un fenómeno nuevo. La política tiene una larga tradición de convertir en referentes históricos a quienes en vida fueron incómodos. Pero el caso de Garaikoetxea resulta especialmente llamativo porque la hemeroteca desmonta con facilidad buena parte del relato edulcorado que hoy se intenta construir, saliendo a la luz la verdadera cara de la falsedad de algunos
Es un fenómeno tan viejo como la política misma,
pero no por ello deja de resultar llamativo. Es la clásica "canonización
retrospectiva": una vez que una figura política deja de ser una amenaza
electoral o se retira de la primera línea, sus antiguos adversarios suelen
suavizar el discurso para integrarlo en un relato institucional compartido.
En el caso de Carlos Garaikoetxea, este ejercicio
de memoria selectiva es especialmente curioso por varios motivos:
Muchos de los que hoy le dedican panegíricos lo
hacen reconociendo su papel como el primer Lehendakari de la democracia, con la
fuerza del cuerpo del EAJ/PNV, tras la dictadura. Es fácil alabar al
"arquitecto de las instituciones" (el Concierto Económico, la
creación de Osakidetza o la Ertzaintza, con el total apoyo, repito, de EAJ/PNV)
ahora que esas estructuras están consolidadas, olvidando que en su momento cada
uno de esos pasos fue un campo de batalla feroz.
Con el tiempo, incluso sus rivales más alejados
ideológicamente han acabado valorando su firmeza contra la violencia en
momentos donde el contexto era asfixiante. Lo que antes se leía como una
postura incómoda, hoy se vende como una "ética inquebrantable".
En resumen: Los elogios actuales a menudo sirven
más para que quien los pronuncia quede bien ante la historia que para hacer
justicia a la complejidad real del mandato de Garaikoetxea. Es la diferencia
entre el político en activo (que molesta) y el referente histórico (que adorna
el currículum del país).
Como digo, Tirar de hemeroteca
en este caso es un ejercicio fascinante de arqueología política, porque la
relación entre la Izquierda Abertzale (IA) y Carlos Garaikoetxea en los años 80
fue de una hostilidad absoluta, casi existencial.
Para la IA de aquella época (Herri Batasuna),
Garaikoetxea no era solo un adversario; era el representante de la
"traición" al proyecto nacionalista máximo por haber aceptado el
Estatuto de Gernika.
Aquí algunos de los dardos y conceptos que le
lanzaban desde la prensa y los mítines de la época:
El "Parlamentillo de las Vascongadas"
El uso del término "Vascongadas" (que
hoy asociamos a la derecha española) era utilizado entonces por la IA con un
matiz despectivo para subrayar que la autonomía de Garaikoetxea era
"franquista" o "reformista".
Llamaban al Parlamento Vasco el "Parlamento
de las tres provincias" o el "Parlamentillo".
Para ellos, Garaikoetxea no era el Lehendakari de
Euzkadi, sino el "Gestor de los intereses de Madrid en las
Vascongadas".
En los años 80, la IA acuñó o popularizó el insulto "cipayo" para referirse a la Ertzaintza (creada bajo el mandato de Garaikoetxea). Por extensión, a él se le acusaba de ser el responsable de crear una fuerza represiva "autóctona" para hacer el trabajo sucio al Estado español. En las paredes de la época era común ver pintadas que lo vinculaban directamente con la represión.
En aquel entonces a la Ertzaintza no solamente se
le adjetivaba con expresiónes y con pintadas. Se les señalaba directamente con dianas
y eran objeto de acoso en su entorno, cuando no victimas de actos terroristas. Actitudes
alimentadas por los que hoy, delante de su capilla ardiente en dia le alaban
El contexto era el de la Ruptura vs. Reforma.
Para HB, Garaikoetxea era el rostro de la "Reforma":
Se le criticaba ferozmente por acatar la
Constitución Española.
Se decía que su Gobierno era un "anexo del
Ministerio del Interior".
Cada vez que Garaikoetxea pedía el fin de la
violencia de ETA, la IA respondía diciendo que él era un
"colaboracionista" que ignoraba las causas del conflicto.
La memoria
selectiva también es propaganda
El problema no es reconocer hoy la importancia
histórica de Garaikoetxea. Eso es evidente.
El problema es fingir que siempre fue respetado
por quienes ahora se apresuran a colocar flores institucionales. Porque no fue
así.
Y la dichosa hemeroteca sigue ahí para
recordarlo.
Muchos de los discursos emocionados que hoy
escuchamos dicen más sobre quien los pronuncia que sobre el propio
Garaikoetxea.
Es fácil homenajear a un referente histórico
cuando ya no incomoda, ya no decide y ya no representa una amenaza política
real.
Lo difícil fue respetarle cuando estaba
construyendo Euzkadi en medio del ruido, los ataques y la fractura.
Ahí es donde la política demuestra realmente su
altura moral.

No hay comentarios:
Publicar un comentario