Ni memes ni bromas: el respeto institucional no se negocia
Lo ocurrido estos días no es una anécdota. No es
un “meme desafortunado”. No es un desliz sin importancia. Es un síntoma claro
de algo mucho más profundo: la falta de respeto político e institucional del PSE-EE
hacia su propio socio de gobierno, el PNV.
Las recientes declaraciones de Aitor Esteban han
sido correctas desde el punto de vista institucional. Incluso firmes en
apariencia. Ha calificado lo ocurrido como “inaceptable”. Ha advertido que “no
se va a permitir”. Ha señalado que “no se van a callar”.
Pero la realidad es otra. Porque mientras se dice
todo eso… también se afirma que la coalición “no está en peligro”.
Y ahí es por donde se puede perder el respeto
institucional. Cuando todo es inaceptable…. Pero no tiene consecuencias, se
anima al oponente a seguir.
En política, las palabras sin consecuencias se
convierten en ruido. Y el PSE lo sabe.
Sabe que puede tensar. Sabe que puede provocar, sabe
que puede cruzar líneas.
Porque, al final del día, no pasa nada. Ni
ruptura, ni crisis real, ni coste político
inmediato
Y cuando un socio de gobierno actúa así, ya no
estamos ante un aliado. Estamos ante un actor que juega a dos bandas: gobernar…
y desgastar.
Esto no va de un meme. Va de una dinámica.
El PSE lleva tiempo marcando perfil propio a
costa del PNV: En el euskera, en el autogobierno. en determinadas competencias y
ahora, incluso en el terreno simbólico. Siempre
en el límite. Siempre midiendo hasta dónde puede tensar la cuerda sin que se
rompa.
Y lo preocupante no es que lo haga. Lo
preocupante es que se le permita.
Porque fuera
de los despachos, fuera de los equilibrios institucionales, fuera de los
cálculos de poder… la percepción es muy distinta.
Quienes estamos en la “infantería política” vemos
otra cosa: Vemos un socio que falta al respeto, vemos una estrategia de
desgaste, vemos una asimetría constante.
Y vemos también una respuesta que, siendo
correcta en las formas, se queda corta en el fondo.
Gobernar implica responsabilidad. Pero también
implica límites.
Y si un socio de gobierno puede actuar sin
consecuencias, entonces ya no hay equilibrio: hay dependencia.
Las palabras de Aitor Esteban marcan un punto de inflexión. Pero los puntos
de inflexión solo existen si vienen acompañados de hechos.
El PNV tiene ahora una decisión que tomar. O
convierte el “no lo vamos a permitir” en algo real, o el PSE entenderá que
puede seguir haciendo exactamente lo mismo. Y entonces ya no habrá sorpresa
posible.
Porque la política no va de ladrar. Va de hacerse
respetar.
Y en este terreno, o marcas el límite…o te lo
marcan.

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