FIFA, Mundial 2030 y Bilbao: cuando las instituciones vascas empiezan a plantar cara
Las instituciones vascas se han dado un plazo
para repensar la candidatura de Bilbao como sede del Mundial 2030. Y nunca esta
tarde si surgen dudas sobre la viabilidad. Lógica financiera, de quienes actúan
con responsabilidad en la gestión económica de lo público.
Empiezan a aparecer términos como: costes
desproporcionados, exigencias exageradas, dudas financieras, restricciones y sobre
todo, una creciente sensación de que la FIFA pretende imponer condiciones difícilmente
asumibles para las ciudades anfitrionas.
Todo ello ha originado el malestar públicamente
verbalizado por nuestras instituciones
Bilbao no es un caso aislado. Málaga, Gijón, o A
Coruña, ya han mostrado dudas o directamente han rechazado determinadas
condiciones vinculadas al Mundial.
Es decir: esto no es un capricho local, ni una
“obsesión identitaria vasca”, ni una supuesta “fobia” al Mundial.
Es una tendencia cada vez más extendida en
Europa: ciudades e instituciones que empiezan a preguntarse si realmente merece
la pena asumir las condiciones que imponen organismos como FIFA o UEFA.
Porque los números empiezan a no cuadrar. Ya que el
problema a resolver es como privatizar los beneficios sin socializar los costes
Porque mientras: la FIFA explota derechos
televisivos, patrocinadores globales multiplican ingresos, y grandes operadores
internacionales hacen negocio, las administraciones públicas deben asumir: infraestructuras,
seguridad, transporte, etc. etc.
Es decir: el riesgo es público, pero gran parte
del beneficio es privado. Y cada vez más instituciones empiezan a cuestionar
ese modelo.
Y. claro. aquí aparece otro fenómeno interesante,
e interesado por parte de quienes desean politizar un evento deportivo.
En cuanto Euzkadi plantea dudas legítimas sobre
el Mundial, algunos sectores políticos y mediáticos reaccionan inmediatamente
hablando de: “rechazo a España”, “miedo a que juegue España la final”, “nacionalismo
identitario”, o supuestas decisiones políticas.
Como si analizar costes y condiciones fuese
automáticamente un acto ideológico. Pero curiosamente, cuando otras ciudades
europeas cuestionan estos macro eventos, nadie las acusa de “odio identitario”.
Esto solo ocurre aquí, no del Ebro para abajo
Es muy importante recordar que Bilbao ya es una
referencia internacional en organización de eventos. Y ejemplos hay as que
suficientes y como prueba la ciudad ha acogido: finales europeas, rugby
internacional, grandes conciertos, congresos, Tour de Francia, etc etc.
San Mamés ya está plenamente consolidado como uno
de los grandes estadios europeos.
Precisamente por eso resulta lógico que las
instituciones quieran analizar con calma si aceptar cualquier condición
impuesta desde fuera compensa realmente.
La clave esta en una premisa básica: Gobernar también
consiste en saber decir “hasta aquí”. Y esa debe ser el motivo del cambio de
actitud institucional.
Durante años parecía obligatorio aceptar
cualquier macro evento internacional como si fuese un regalo caído del cielo. Pero
ahora empieza a surgir otra visión: Analizar exhaustivamente los costes reales,
medir impacto verdadero, estudiar consecuencias, y decidir en función de los
intereses de la ciudadanía, todo ello, en función de nuevas exigencias de la
FIFA, nuevas imposiciones, etc,etc,
Y eso no es debilidad. Eso es gobernar con responsabilidad. Y actitud responsable es hacerse la siguiente pregunta ¿Qué gana realmente la ciudadanía de Bilbao y Bizkaia con todo esto… y cuánto va a costar?.

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