8 may 2026

De la capilla ardiente al photocall político: una imagen impropia en la despedida de un Lehendakari

Hay momentos en política en los que las diferencias ideológicas deberían quedar suspendidas por respeto humano e institucional. La capilla ardiente de un lehendakari no es un escenario de campaña, ni un “photocall” para exhibir sonrisas cómplices, gestos distendidos o postureo político. Es un lugar de duelo, recogimiento y respeto.

La imagen difundida de la despedida del Lehendakari Carlos Garaikoetxea transmite exactamente lo contrario: frivolidad, desconexión emocional y una preocupante banalización de un acto solemne. Resulta especialmente hiriente que representantes del PSE y EH Bildu aparezcan sonrientes y relajados en un contexto que exigía sobriedad y altura institucional.

Carlos Garaikoetxea fue mucho más que una figura política. Fue el primer lehendakari del Gobierno Vasco restaurado, protagonista de una etapa decisiva para la construcción institucional de Euzkadi y una referencia histórica para varias generaciones. Su despedida merecía respeto, no una escena impropia de una recepción oficial o de una presentación pública.

La política actual parece haber perdido demasiadas veces el sentido del decoro. Todo se convierte en imagen, relato o cálculo comunicativo. Pero hay líneas que no deberían cruzarse. Y entrar en una capilla ardiente entre risas y gestos de camaradería pública proyecta una sensación de superficialidad incompatible con la dignidad del momento.

La crítica no va de ideologías. Va de respeto. Respeto a la familia, respeto a la memoria del lehendakari y respeto a una institución que representa a todo un pueblo.

Una fotografía dice mucho de quien aparece en ella. Y esta imagen transmite exactamente aquello que muchos ciudadanos rechazan de la política moderna: la incapacidad de distinguir entre solemnidad institucional y marketing político.


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