De la capilla ardiente al photocall político: una imagen impropia en la despedida de un Lehendakari
Hay momentos en política en los que las diferencias ideológicas deberían
quedar suspendidas por respeto humano e institucional. La capilla ardiente de
un lehendakari no es un escenario de campaña, ni un “photocall” para exhibir
sonrisas cómplices, gestos distendidos o postureo político. Es un lugar de
duelo, recogimiento y respeto.
La imagen difundida de la despedida del
Lehendakari Carlos Garaikoetxea transmite exactamente lo contrario: frivolidad,
desconexión emocional y una preocupante banalización de un acto solemne.
Resulta especialmente hiriente que representantes del PSE y EH Bildu aparezcan
sonrientes y relajados en un contexto que exigía sobriedad y altura
institucional.
Carlos Garaikoetxea fue mucho más que una
figura política. Fue el primer lehendakari del Gobierno Vasco restaurado,
protagonista de una etapa decisiva para la construcción institucional de
Euzkadi y una referencia histórica para varias generaciones. Su despedida
merecía respeto, no una escena impropia de una recepción oficial o de una
presentación pública.
La política actual parece haber perdido
demasiadas veces el sentido del decoro. Todo se convierte en imagen, relato o
cálculo comunicativo. Pero hay líneas que no deberían cruzarse. Y entrar en una
capilla ardiente entre risas y gestos de camaradería pública proyecta una
sensación de superficialidad incompatible con la dignidad del momento.
La crítica no va de ideologías. Va de respeto.
Respeto a la familia, respeto a la memoria del lehendakari y respeto a una
institución que representa a todo un pueblo.
Una
fotografía dice mucho de quien aparece en ella. Y esta imagen transmite
exactamente aquello que muchos ciudadanos rechazan de la política moderna: la
incapacidad de distinguir entre solemnidad institucional y marketing político.

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