Gazteiz no puede convertirse en un laboratorio improvisado de políticas migratorias diseñadas desde Madrid
Nuevamente el debate sobre el macrocentro de
refugiados de Arana en Vitoria-Gasteiz. No es únicamente una cuestión de
plazas, edificios o cifras. Es un debate sobre modelo de país, sobre
autogobierno y sobre quién decide cómo se gestionan cuestiones tan sensibles
como la acogida, la integración y la convivencia.
Y todo porque el Gobierno del Reino de España
sigue con sus mismas formas impositivas. Primero actuar según su conveniencia,
y luego, si eso, preguntan qué tal.
Como si esto fuera un zoco donde el regateo es
pan de cada día, ahora anuncian que el centro ya no tendrá 350 plazas, ni 200
que fue su anterior oferta. Ahora hablan de 120. Mañana quizá vuelvan a cambiar
las cifras. Todo menos entrar en el fondo del problema. No interesa
El problema de fondo sigue siendo exactamente el
mismo: la sensación de improvisación, unilateralidad y ausencia de coordinación
real con las instituciones vascas.
Conviene recordar algo que algunos intentan
ocultar interesadamente: el PNV no está rechazando la acogida de personas
refugiadas. Euzkadi lleva años demostrando solidaridad, responsabilidad y
capacidad de integración. Lo hizo durante la crisis ucraniana, lo hace
diariamente a través de múltiples recursos sociales y lo ha hecho
históricamente sin necesidad de grandes titulares ni campañas propagandísticas.
El fondo del debate es si Euzkadi debe aceptar
sin más un modelo impuesto desde Madrid, diseñado en despachos ministeriales
alejados de la realidad social de nuestros barrios y ciudades. Y la respuesta
es clara y rotundamente que NO
El llamado “modelo vasco de acogida” siempre ha
apostado por recursos pequeños, distribuidos y coordinados con ayuntamientos,
diputaciones y tejido social. Un modelo pensado para integrar, no para acumular
personas en grandes infraestructuras cuya gestión y consecuencias terminan
recayendo sobre las instituciones vascas y la ciudadanía vasca.
Eso es precisamente lo que el Gobierno central
parece no estar dispuesto a asumir. Se limita a números, porcentajes y
expedientes administrativos, mientras en Euzkadi se habla de convivencia, cohesión
comunitaria
Desde Euzkadi se reclama autogobierno,
competencias y capacidad de decisión propia. En cambio, desde el gobierno
español se reciben decisiones estratégicas sobre inmigración y acogida, sin
contar realmente con Euzkadi
El caso de Arana refleja una contradicción cada
vez más evidente dentro del actual escenario político: mientras el Estado exige
corresponsabilidad institucional, sigue reservándose las decisiones
fundamentales.
La rebaja de plazas no ha sido por convicción sino
por presión institucional, política y social, que ha obligado al Gobierno estatal
corregir un proyecto que nació sobredimensionado y mal planteado desde el
inicio.
Hay quienes reducirán, interesadamente, el debate
entre “Solidaridad” o “insolidaridad”. Un grave error ya que obviando el
problema nunca se llegara a la solución
Porque precisamente para preservar la
convivencia, la integración y el respaldo social a las políticas de acogida
hace falta planificación, equilibrio y arraigo territorial.
Europa está llena de ejemplos donde la
improvisación migratoria ha terminado alimentando fracturas sociales,
desafección política y el crecimiento de posiciones extremas.
Euzkadi no necesita copiar errores ajenos, sino capacidad
propia para decidir cómo quiere gestionar su modelo de acogida, sino. Algo tan
sencillo como: respeto institucional, coordinación real y reconocimiento
efectivo del autogobierno vasco.
La solidaridad no puede ser el pretexto para
convertir una coartada para centralizar decisiones que afectan directamente a
nuestra sociedad.
Ni Gazteiz puede transformarse en un experimento
político diseñado desde cientos de kilómetros de distancia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario