17 may 2026

Gazteiz no puede convertirse en un laboratorio improvisado de políticas migratorias diseñadas desde Madrid

Nuevamente el debate sobre el macrocentro de refugiados de Arana en Vitoria-Gasteiz. No es únicamente una cuestión de plazas, edificios o cifras. Es un debate sobre modelo de país, sobre autogobierno y sobre quién decide cómo se gestionan cuestiones tan sensibles como la acogida, la integración y la convivencia.

Y todo porque el Gobierno del Reino de España sigue con sus mismas formas impositivas. Primero actuar según su conveniencia, y luego, si eso, preguntan qué tal.

Como si esto fuera un zoco donde el regateo es pan de cada día, ahora anuncian que el centro ya no tendrá 350 plazas, ni 200 que fue su anterior oferta. Ahora hablan de 120. Mañana quizá vuelvan a cambiar las cifras. Todo menos entrar en el fondo del problema. No interesa

El problema de fondo sigue siendo exactamente el mismo: la sensación de improvisación, unilateralidad y ausencia de coordinación real con las instituciones vascas.

Conviene recordar algo que algunos intentan ocultar interesadamente: el PNV no está rechazando la acogida de personas refugiadas. Euzkadi lleva años demostrando solidaridad, responsabilidad y capacidad de integración. Lo hizo durante la crisis ucraniana, lo hace diariamente a través de múltiples recursos sociales y lo ha hecho históricamente sin necesidad de grandes titulares ni campañas propagandísticas.

El fondo del debate es si Euzkadi debe aceptar sin más un modelo impuesto desde Madrid, diseñado en despachos ministeriales alejados de la realidad social de nuestros barrios y ciudades. Y la respuesta es clara y rotundamente que NO

El llamado “modelo vasco de acogida” siempre ha apostado por recursos pequeños, distribuidos y coordinados con ayuntamientos, diputaciones y tejido social. Un modelo pensado para integrar, no para acumular personas en grandes infraestructuras cuya gestión y consecuencias terminan recayendo sobre las instituciones vascas y la ciudadanía vasca.

Eso es precisamente lo que el Gobierno central parece no estar dispuesto a asumir. Se limita a números, porcentajes y expedientes administrativos, mientras en Euzkadi se habla de convivencia, cohesión comunitaria

Desde Euzkadi se reclama autogobierno, competencias y capacidad de decisión propia. En cambio, desde el gobierno español se reciben decisiones estratégicas sobre inmigración y acogida, sin contar realmente con Euzkadi

El caso de Arana refleja una contradicción cada vez más evidente dentro del actual escenario político: mientras el Estado exige corresponsabilidad institucional, sigue reservándose las decisiones fundamentales.

La rebaja de plazas no ha sido por convicción sino por presión institucional, política y social, que ha obligado al Gobierno estatal corregir un proyecto que nació sobredimensionado y mal planteado desde el inicio.

Hay quienes reducirán, interesadamente, el debate entre “Solidaridad” o “insolidaridad”. Un grave error ya que obviando el problema nunca se llegara a la solución

Porque precisamente para preservar la convivencia, la integración y el respaldo social a las políticas de acogida hace falta planificación, equilibrio y arraigo territorial.

Europa está llena de ejemplos donde la improvisación migratoria ha terminado alimentando fracturas sociales, desafección política y el crecimiento de posiciones extremas.

Euzkadi no necesita copiar errores ajenos, sino capacidad propia para decidir cómo quiere gestionar su modelo de acogida, sino. Algo tan sencillo como: respeto institucional, coordinación real y reconocimiento efectivo del autogobierno vasco.

La solidaridad no puede ser el pretexto para convertir una coartada para centralizar decisiones que afectan directamente a nuestra sociedad.

Ni Gazteiz puede transformarse en un experimento político diseñado desde cientos de kilómetros de distancia.


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