4 abr 2026

Euzkadi en la arena internacional: El derecho a ser nosotros mismos sin pedir permiso, 

A menudo, desde ciertos sectores de la política española y sus altavoces mediáticos, se nos acusa de "enredar" con debates identitarios cada vez que reclamamos la oficialidad de nuestras selecciones nacionales. Pero que no se equivoquen: el reconocimiento internacional de Euzkadi no es un capricho sentimental ni una maniobra de distracción. Es, por encima de todo, una cuestión de estatus político, respeto institucional y coherencia con nuestro autogobierno.

Lo ocurrido con la Ley del Deporte es el espejo de nuestro modelo de construcción nacional. Gracias a la capacidad de influencia del Grupo Vasco (EAJ-PNV) en Madrid, se logró introducir el artículo que hoy permite la oficialidad internacional de la Pelota.  No fue un regalo, fue una conquista de la política con mayúsculas.

Mientras algunos se pierden en la retórica de la pancarta, y buscan complicidades y pactos para resolver sus problemas internos la realidad nos demuestra que el camino se hace desde el rigor y la negociación estratégica.

Este hito no solo es una victoria deportiva; es la prueba de que, cuando se actúa con inteligencia parlamentaria, las costuras del Estado pueden ceder en favor de nuestra identidad. La pelota vasca compitiendo de tú a tú en el mundo es hoy nuestra mejor embajadora y la punta de lanza de lo que debe ser un goteo incesante de reconocimientos.

A pesar de estos avances, el muro centralista sigue ahí. ¿Por qué tanto pavor a que un joven de Santutxu o de la llanada alavesa compita bajo la bandera que siente como propia en otras disciplinas? El veto sistemático del Consejo Superior de Deportes contra cualquier avance que profundice en lo logrado con la pelota demuestra una debilidad democrática alarmante por parte de Madrid.

Si la unidad de España depende de impedir que una trainera o un equipo de sokatira compitan oficialmente como Euzkadi, es que esa unidad es mucho más frágil de lo que predican. La prohibición no es fuerza; es miedo a la realidad de un pueblo que ya funciona, en la práctica, como una nación adulta.

La verdadera construcción nacional se hace reforzando nuestras federaciones y ganando espacios de influencia allí donde el Estado pretende el monopolio. El éxito de la pelota oficial es el modelo a seguir: profesionalidad, base social y seguridad jurídica.

La oficialidad del resto de nuestras selecciones no llegará por una concesión graciosa. Llegará por la fuerza de los hechos consumados, por la excelencia de nuestros deportistas y por la persistencia de un país que sabe que el uniforme de sus selecciones es mucho más que una prenda: es la piel de una nación que quiere, y sabe, jugar su propio partido en el mundo.

El reconocimiento internacional es el paso lógico de un autogobierno que ya es mayor de edad. Euzkadi es nuestra única selección porque es nuestra única realidad política y social. Gure bidea egiten, gure selekzioarekin mundura.


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