Euzkadi en la arena internacional: El derecho a ser nosotros mismos sin pedir permiso,
A menudo, desde ciertos sectores de la política
española y sus altavoces mediáticos, se nos acusa de "enredar" con
debates identitarios cada vez que reclamamos la oficialidad de nuestras
selecciones nacionales. Pero que no se equivoquen: el reconocimiento
internacional de Euzkadi no es un capricho sentimental ni una maniobra de
distracción. Es, por encima de todo, una cuestión de estatus político,
respeto institucional y coherencia con nuestro autogobierno.
Lo ocurrido con la Ley del Deporte es el
espejo de nuestro modelo de construcción nacional. Gracias a la capacidad de
influencia del Grupo Vasco (EAJ-PNV) en Madrid, se logró introducir el artículo
que hoy permite la oficialidad internacional de la Pelota. No fue un regalo, fue una conquista de la
política con mayúsculas.
Mientras algunos se pierden en la retórica de la
pancarta, y buscan complicidades y pactos para resolver sus problemas internos
la realidad nos demuestra que el camino se hace desde el rigor y la negociación
estratégica.
Este hito no solo es una victoria deportiva; es
la prueba de que, cuando se actúa con inteligencia parlamentaria, las costuras
del Estado pueden ceder en favor de nuestra identidad. La pelota vasca
compitiendo de tú a tú en el mundo es hoy nuestra mejor embajadora y la punta
de lanza de lo que debe ser un goteo incesante de reconocimientos.
A pesar de estos avances, el muro centralista
sigue ahí. ¿Por qué tanto pavor a que un joven de Santutxu o de la llanada
alavesa compita bajo la bandera que siente como propia en otras disciplinas? El
veto sistemático del Consejo Superior de Deportes contra cualquier avance que
profundice en lo logrado con la pelota demuestra una debilidad democrática
alarmante por parte de Madrid.
Si la unidad de España depende de impedir que una
trainera o un equipo de sokatira compitan oficialmente como Euzkadi, es que esa
unidad es mucho más frágil de lo que predican. La prohibición no es fuerza; es
miedo a la realidad de un pueblo que ya funciona, en la práctica, como una
nación adulta.
La verdadera construcción nacional se hace
reforzando nuestras federaciones y ganando espacios de influencia allí donde el
Estado pretende el monopolio. El éxito de la pelota oficial es el modelo a
seguir: profesionalidad, base social y seguridad jurídica.
La oficialidad del resto de nuestras selecciones
no llegará por una concesión graciosa. Llegará por la fuerza de los hechos
consumados, por la excelencia de nuestros deportistas y por la persistencia de
un país que sabe que el uniforme de sus selecciones es mucho más que una
prenda: es la piel de una nación que quiere, y sabe, jugar su propio partido en
el mundo.
El reconocimiento internacional es el paso lógico
de un autogobierno que ya es mayor de edad. Euzkadi es nuestra única selección
porque es nuestra única realidad política y social. Gure bidea egiten, gure
selekzioarekin mundura.

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