El gran engaño energético de EH Bildu.
En uno de los ultimos numero de Gara, bajo el
sugerente titular “Sin soberanía energética no hay solución”, vuelve a
insistir en un marco que empieza a ser habitual: grandes palabras, diagnósticos
maximalistas… y pocas respuestas aplicables a la realidad de hoy.
Vamos a empezar por una pregunta incómoda: ¿de
qué soberanía energética hablamos exactamente?
El artículo plantea una crítica al modelo actual,
cuestiona las renovables “tal y como se están implantando” y pone el foco en la
dependencia exterior. Hasta ahí, nada nuevo. Pero el problema no está en el
diagnóstico, que en parte es compartido, sino en la falta de concreción y,
sobre todo, en la incoherencia política de fondo.
Euzkadi importa más del 90% de la energía que
consume. No tenemos petróleo. No tenemos gas. Y nuestra capacidad de generación
eléctrica, aunque creciente en renovables, sigue siendo limitada.
Hablar de soberanía energética en Euzkadi suena
bien. Es potente. Moviliza. Pero también exige rigor.
Entonces, ¿cuál es la alternativa real? ¿Rechazar
infraestructuras renovables en el territorio? ¿Bloquear proyectos eólicos o
fotovoltaicos? ¿O seguir dependiendo de energía producida fuera mientras se
critica el modelo?
Y aquí sale al descubierto la contradicción
central no se puede exigir soberanía energética mientras se ponen trabas
sistemáticas a cualquier desarrollo energético propio.
Renovables sí…
pero no así, no aquí, no ahora. Como diria un ingles.Not in my back yard
El discurso de EH Bildu se llena de
contradicciones cuando determina que las renovables son necesarias, pero
generan impacto. Hay que cambiar el modelo, pero no se concreta cómo y se
critica la industrialización energética, pero no se ofrece alternativa
escalable.
Resultado: parálisis.
Mientras tanto: Alemania, con menos horas de sol
que Euzkadi, multiplica su capacidad solar. Comunidades cercanas avanzan en
autoconsumo y comunidades energéticas. Y aquí seguimos atrapados en el debate
eterno.
Cada parque eólico que se retrasa, cada
instalación que se bloquea, cada proyecto que se judicializa… tiene
consecuencias: Más dependencia exterior, más costes energéticos, menor
competitividad industrial. Y esto en una Euzkadi que vive, tengámoslo presente,
de su industria
Tengámoslo presente siempre, la energía no es
solo un debate ambiental o ideológico. Es empleo, es inversión y es futuro
Quienes hoy hablan de soberanía energética: Han
frenado proyectos estratégicos, han alimentado el rechazo social a
infraestructuras y han priorizado el conflicto frente a la planificación. Al
mismo tiempo, exigen un cambio de modelo que requiere esas mismas infraestructuras
La soberanía energética no se construye con
artículos ni con consignas.
Se construye con: planificación, inversión, consenso
social y decisiones difíciles. Pero Euzkadi necesita más generación propia. Más
renovables. Más autoconsumo. Más redes inteligentes.
Pero también necesita abandonar el populismo
energético.
La soberanía energética no se alcanza bloqueando
el presente mientras se idealiza un futuro indefinido. Se alcanza tomando
decisiones.
Y, sobre todo, asumiendo sus consecuencias.
Lo demás no es soberanía. es relato.
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