26 jul 2026

El coste silencioso de las citas perdidas en Osakidetza

Hemos debatido en este mismo blog, sobre Osakidetza, las listas de espera, la necesidad de más personal sanitario, mayores recursos económicos y la repercusión en la atención sanitaria debido al envejecimiento de la población. Comentandolo con profesionales sanitarios cercanos me trasladan un problema que, aunque es menos visible, repercute en la capacidad asistencial del sistema: Las citas perdidas por pacientes que no cancelan con la suficiente antelación sus citas, e incluso finalmente no acuden sin ningún tipo de motivo que aducir.

Hace unos días acudí al hospital para varias consultas médicas. Mientras esperaba mi turno, hubo algo que llamó poderosamente mi atención. En varias ocasiones el profesional sanitario salía a la sala de espera, y con la lista en mano iba pronunciando el nombre del paciente correspondiente, al no responder, llamaba al siguiente de la lista, sin respuesta, y asi sucesivamente. Tras unos minutos de espera, regresaba a la consulta sin que nadie respondiera.

No es un caso aislado. La escena ya la he vivido en distintas ocasiones, desde la atención primaria a la hospitalaria.

Cuando una ausencia no se comunica, o simplemente no se acude a la cita prevista se malgasta un tiempo asistencial que pudiera ser aprovechado por otro paciente que continúa esperando una cita. ¿Qué repercusión tienen estas ausencias, evitables en muchos casos, sobre el alargamiento de las listas de espera?

Según los datos facilitados por Osakidetza, cada día, cada jornada laboral se pierden alrededor de 2.000 consultas en Atención Primaria originado por pacientes que no avisan previamente, o simplemente, que no acuden a consulta. Si extrapolamos al conjunto del año, supone alrededor de medio millón de consultas vacías, desaprovechadas. Aproximadamente un 2.8% de todas las citas programadas en los centros de salud.

Hablamos de consultas de Atención Primaria, pero si consultamos las consultas hospitalarias y de especialistas, el volumen absoluto de consultas aun siendo menor, la tasa de inasistencia supera en ocasiones el 5%, especialmente cuando transcurren varios meses entre la fecha de citación y la consulta.

El Instituto Vasco de Estadística (Eustat) refleja en sus series sobre salud pública que la demanda asistencial no deja de crecer debido a la pirámide poblacional, por lo que medio millón de consultas desaprovechadas supone una tensión añadida que el sistema difícilmente puede permitirse.

Atribuir este fenómeno a una falta de responsabilidad ciudadana exclusivamente no sería justo. Podríamos excusar a pacientes que terminan acudiendo a Urgencias y resuelven allí su problema, sin tener que esperar su cita. Dificultades para contactar telefónicamente con algunos centros de salud, aunque mi experiencia personal es que siempre he podido comunicar con la debida antelación.

Otra de los motivos pudiera ser la ausencia de recordatorios cuando la consulta se ha programado con meses de antelación. En este caso, reitero, en mi caso personal, puntualmente recibo los recordatorios con uno o dos días de antelación a la cita programada.

Para atajar este problema sin recurrir a medidas penalizadoras, el Dpto. de Salud del Gobierno Vasco y Osakidetza están reforzando la digitalización de los canales de comunicación con el pacient.

El envio de recordatorios mediante mensajes SMS implantados por Osakidetza, desde hace algunos años, buscan reducir estas inasistencias y aprovechar mejor los recursos disponibles. Otros como la incorporación de la Carpeta de Salud, y la posibilidad de anular consultas desde la aplicación móvil, etc etc, ofrecen un abanico de posibilidades.

Creer que las listas de espera desaparecerían únicamente eliminando las citas perdidas seria no reconocer que existen causas estructurales más profundas relacionadas con la disponibilidad de profesionales, el incremento de la demanda asistencia y la creciente complejidad clínica de una población cada vez más envejecida.

Pero, probablemente, una de las medidas más rápidas, económicas y eficaces para aliviar la presión sobre el sistema, aunque sea parcialmente sea recuperar una parte importante de esas aproximadamente 500.000 consultas anuales, que supondría disponer de cientos de miles de actos asistenciales adicionales.

Delegar en nuestras instituciones el mantenimiento de la sanidad pública, uno de los grandes pilares del Estado de bienestar es de pura lógica. Exigir una buena gestión y una financiación suficiente, también lo es.

Gestos cotidianos por parte de los usuarios de Osakidetza, de todos los ciudadanos, de todos nosotros, pueden ayudar, aunque sea en una pequeña parte a mejorar el nivel asistencia. La comunicación y/o cancelación de una cita a la que sabemos que no vamos a acudir, puede significar que otra persona sea atendida antes de cuando esta programada la suya.

Un pequeño gesto, aunque parezca insignificante, puede ayudar a reducir una lista de espera. Tomemos conciencia de que una simple llamada puede beneficiar a otro vecino que lleva semanas o meses esperando esa misma consulta.


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