El coste silencioso de las citas perdidas en Osakidetza
Hemos debatido en este mismo blog,
sobre Osakidetza, las listas de espera, la necesidad de más personal sanitario,
mayores recursos económicos y la repercusión en la atención sanitaria debido al
envejecimiento de la población. Comentandolo con profesionales sanitarios
cercanos me trasladan un problema que, aunque es menos visible, repercute en la
capacidad asistencial del sistema: Las citas perdidas por pacientes que no
cancelan con la suficiente antelación sus citas, e incluso finalmente no acuden
sin ningún tipo de motivo que aducir.
Hace unos días acudí al hospital para
varias consultas médicas. Mientras esperaba mi turno, hubo algo que llamó
poderosamente mi atención. En varias ocasiones el profesional sanitario salía a
la sala de espera, y con la lista en mano iba pronunciando el nombre del
paciente correspondiente, al no responder, llamaba al siguiente de la lista,
sin respuesta, y asi sucesivamente. Tras unos minutos de espera, regresaba a la
consulta sin que nadie respondiera.
No es un caso aislado. La escena ya la he
vivido en distintas ocasiones, desde la atención primaria a la hospitalaria.
Cuando una ausencia no se comunica, o simplemente no se acude a la cita prevista
se malgasta un tiempo asistencial que pudiera ser aprovechado por otro paciente
que continúa esperando una cita. ¿Qué repercusión tienen estas ausencias,
evitables en muchos casos, sobre el alargamiento de las listas de espera?
Según los datos facilitados por Osakidetza, cada día, cada jornada laboral se pierden alrededor de 2.000 consultas en Atención Primaria originado por
pacientes que no avisan previamente, o simplemente, que no acuden a consulta.
Si extrapolamos al conjunto del año, supone alrededor de medio millón de
consultas vacías, desaprovechadas. Aproximadamente un 2.8% de todas las citas programadas en los centros de salud.
Hablamos de consultas de Atención Primaria, pero si consultamos las
consultas hospitalarias y de especialistas, el volumen absoluto de consultas aun
siendo menor, la tasa de inasistencia supera en ocasiones el 5%, especialmente cuando
transcurren varios meses entre la fecha de citación y la consulta.
Atribuir este fenómeno a una falta de responsabilidad ciudadana
exclusivamente no sería justo. Podríamos excusar a pacientes que terminan
acudiendo a Urgencias y resuelven allí su problema, sin tener que esperar su
cita. Dificultades para contactar telefónicamente con algunos centros de salud,
aunque mi experiencia personal es que siempre he podido comunicar con la
debida antelación.
Otra de los motivos pudiera ser la ausencia de recordatorios cuando la
consulta se ha programado con meses de antelación. En este caso, reitero, en mi
caso personal, puntualmente recibo los recordatorios con uno o dos días de antelación
a la cita programada.
El envio de recordatorios mediante mensajes SMS implantados por Osakidetza,
desde hace algunos años, buscan reducir estas inasistencias y aprovechar mejor
los recursos disponibles. Otros como la incorporación de la Carpeta de Salud, y
la posibilidad de anular consultas desde la aplicación móvil, etc etc, ofrecen
un abanico de posibilidades.
Creer que las listas de espera desaparecerían únicamente eliminando las
citas perdidas seria no reconocer que existen causas estructurales más
profundas relacionadas con la disponibilidad de profesionales, el incremento de
la demanda asistencia y la creciente complejidad clínica de una población cada
vez más envejecida.
Pero, probablemente, una de las medidas más rápidas, económicas y eficaces para
aliviar la presión sobre el sistema, aunque sea parcialmente sea recuperar una
parte importante de esas aproximadamente 500.000 consultas anuales, que supondría
disponer de cientos de miles de actos asistenciales adicionales.
Delegar en nuestras instituciones el mantenimiento
de la sanidad pública, uno de los grandes pilares del Estado de bienestar es de
pura lógica. Exigir una buena gestión y una financiación suficiente, también lo
es.
Gestos cotidianos por parte de los usuarios de Osakidetza, de todos los
ciudadanos, de todos nosotros, pueden ayudar, aunque sea en una pequeña parte a
mejorar el nivel asistencia. La comunicación y/o cancelación de una cita a la
que sabemos que no vamos a acudir, puede significar que otra persona sea atendida
antes de cuando esta programada la suya.
Un pequeño gesto, aunque parezca insignificante, puede ayudar a reducir una
lista de espera. Tomemos conciencia de que una simple llamada puede beneficiar
a otro vecino que lleva semanas o meses esperando esa misma consulta.
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