22 jul 2026

Ni ocultación ni criminalización 

Ni ocultar los datos ni criminalizar a la inmigración

Nuevamente se presenta ante la ciudadanía el debate sobre si los datos sobre delincuencia deben ser ocultados para evitar discursos que pueden alimentar criminalización de una parte de la sociedad, en este caso de la inmigración, o, en cambio, y por ese motivo, debería prevalecer un ejercicio de transparencia asumiendo el riesgo de ser utilizados para presentar la inmigración como un problema de seguridad.

La información publicada en medios de comunicación, según la cual cuatro de cada diez personas condenadas en Euzkadi durante el último año eran de nacionalidad extranjera, reabre este debate

Los datos publicados proceden del Instituto Nacional de Estadística (INE) y hacen referencia a sentencias firmes, no a simples detenciones o investigaciones policiales. Son datos oficiales, y en aras a un ejercicio de transparencia, deben ser conocidas. Nadie puede decidir qué datos deben ser compartidos con la sociedad y cuáles no. La transparencia institucional exige conocer la realidad tal y como es.

Que cada cuatro de cada diez condenados sean extranjeros, no significa que cuatro de cada diez inmigrantes son delincuentes. Significa, exclusivamente, que entres las personas condenadas ese es el porcentaje de ciudadanos de nacionalidad extranjera. Y ese es un matiz que cambia la interpretación del dato.

Hay una realidad imperante. La mayoría de las personas migrantes que residen en Euzkadi, trabajan, pagan sus impuestos, forman un familia, aceptan las normas comunes y nunca tendrán relación alguna con la Justicia penal. Por eso seria muy profundamente injusto convertirlas en sospechosas, simplemente por el hecho de compartir nacionalidad, origen, religión, etc. con una minoría de delincuentes.

Pero ocultar estos datos, puede aumentar la desconfianza de una parte de la sociedad y generar discursos basados en prejuicios o percepciones que en nada están basados en datos reales, alimentando discursos xenófobos o de odio hacia una parte de la población. Estas sensaciones solamente se combaten con transparencia. Y las estadísticas están para identificar una realidad al objeto de poder orientar las políticas sociales.

Quizá el verdadero ejercicio de transparencia no consista únicamente en publicar un dato impactante, sino en ofrecer a la ciudadanía toda la información necesaria para comprenderlo. Reducir un fenómeno tan complejo únicamente a la nacionalidad supone ofrecer una explicación tan sencilla como insuficiente.

Los datos que deberíamos tener muy presente es el peso que representa la delincuencia extranjera respecto a la población inmigrante, que, como decíamos, trabaja y vive, dentro del conjunto de la sociedad vasca. Y no utilizar una estadística como arma arrojadiza.

Reiteramos: ocultar los datos genera desconfianza, pero utilizarlos para criminalizar a todo un colectivo alimenta el miedo y rompe la convivencia.

Entre ambos extremos existe un camino mucho más responsable: el de la transparencia, el contexto y el rigor.

 


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