25 mar 2026

Korrika sí, exclusión no

La Korrika ha sido durante décadas una de las expresiones más hermosas, transversales y populares en favor del euskera. Una cita colectiva que debería servir para unir, para sumar voluntades y para ensanchar el espacio social de nuestra lengua. Precisamente por eso resulta tan preocupante que esta edición haya arrancado marcada por la exclusión de CCOO y por la consiguiente decisión del PSE-EE de no participar. Lo que tendría que haber sido una gran fiesta compartida se ha visto ensombrecido por una polémica que nunca debió producirse.

AEK y la organización de la Korrika justifican su decisión en la postura de CCOO respecto a la estrategia de este sindicato a judicializar determinados perfiles lingüísticos en las OPE y a sus recursos judiciales, (estrategias que ya hemos condenado desde este blog).

Hay hemeroteca de sobra para sostener que no estamos ante un hecho aislado. En los últimos meses se ha ido tensando el debate público en torno a los perfiles lingüísticos, las oposiciones y la presencia del euskera en la administración.

Por un lado, resulta chocante y contradictorio que quien se empeña en poner palos sobre ruedas en la euskaldunizacion del funcionariado se moleste por no poder participar en un evento en pro del euzkera.

Porque una lengua minorizada como la nuestra necesita ser defendida con firmeza,

Dejando esta cuestión al margen, y como euskaltzaile, siempre he creído que el euzkera debe ser aglutinador. Sin exclusiones. Y respetuoso con todas las ideologías y sentimientos. Por ello no se puede aceptar exclusiones o autoexclusiones, ni utilizaciones partidistas del euskera.  El euskera es de todos.

Defender el euskera exige compromiso real: más enseñanza, más prestigio social, más oportunidades de uso, más apoyo a la cultura vasca y más consenso institucional. Pero también exige evitar que una causa noble quede secuestrada por quienes entienden toda discrepancia como traición. La Korrika debería ser punto de encuentro, no filtro ideológico. 

La Korrika no debe ser patrimonializado por cuestiones ajenas, enarbolando banderas que en nada tienen que ver con el euzkera. 

Cualquier acción de este tipo, el daño generado, se lo hacen a quienes convierten una movilización en un espacio de exclusión.

Si de verdad se quiere que el euskera sea lengua de convivencia, de cohesión y de futuro, hay que blindarlo frente a la instrumentalización sectaria. Porque el euskera necesita militancia, sí, pero sobre todo necesita amplitud, respeto y país.


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