Korrika sí, exclusión no
La Korrika ha sido durante décadas una de las expresiones más hermosas,
transversales y populares en favor del euskera. Una cita colectiva que debería
servir para unir, para sumar voluntades y para ensanchar el espacio social de
nuestra lengua. Precisamente por eso resulta tan preocupante que esta edición
haya arrancado marcada por la exclusión de CCOO y por la consiguiente decisión
del PSE-EE de no participar. Lo que tendría que haber sido una gran fiesta
compartida se ha visto ensombrecido por una polémica que nunca debió
producirse.
AEK y la organización de la Korrika justifican su decisión en la postura de
CCOO respecto a la estrategia de este sindicato a judicializar determinados
perfiles lingüísticos en las OPE y a sus recursos judiciales, (estrategias que
ya hemos condenado desde este blog).
Hay hemeroteca de sobra para sostener que no estamos ante un hecho aislado.
En los últimos meses se ha ido tensando el debate público en torno a los
perfiles lingüísticos, las oposiciones y la presencia del euskera en la
administración.
Por un lado, resulta chocante y contradictorio que quien se empeña en poner
palos sobre ruedas en la euskaldunizacion del funcionariado se moleste por no
poder participar en un evento en pro del euzkera.
Porque una lengua minorizada como la nuestra necesita ser defendida con
firmeza,
Dejando esta cuestión al margen, y como euskaltzaile, siempre he creído que
el euzkera debe ser aglutinador. Sin exclusiones. Y respetuoso con todas las
ideologías y sentimientos. Por ello no se puede aceptar exclusiones o
autoexclusiones, ni utilizaciones partidistas del euskera. El euskera es de
todos.
Defender el euskera exige compromiso real: más enseñanza, más prestigio
social, más oportunidades de uso, más apoyo a la cultura vasca y más consenso
institucional. Pero también exige evitar que una causa noble quede secuestrada
por quienes entienden toda discrepancia como traición. La Korrika debería ser
punto de encuentro, no filtro ideológico.
La Korrika no debe ser patrimonializado por cuestiones ajenas, enarbolando banderas que en nada tienen que ver con el euzkera.
Cualquier acción de este tipo, el daño generado, se lo hacen a quienes
convierten una movilización en un espacio de exclusión.
Si de verdad se quiere que el euskera sea lengua de convivencia, de cohesión
y de futuro, hay que blindarlo frente a la instrumentalización sectaria. Porque
el euskera necesita militancia, sí, pero sobre todo necesita amplitud, respeto
y país.

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