6 ago 2026

El euskera no necesita ventanillas, necesita más hablantes

La mejor forma de fortalecer una lengua minorizada no es alimentar nuevas polémicas, sino conseguir que más personas quieran incorporarlo con naturalidad a su vida cotidiana.


Cada verano parece traer consigo una nueva polémica lingüística. Este año ha sido la decisión de varias txosnas de Algorta de habilitar una ventanilla específica para quienes soliciten sus consumiciones en castellano. Así que asistimos a uno nuevo y es la polémica lingüística creada a raíz de la instalación de las citadas txoznas.

Los protagonistas aducen que se trata de una iniciativa presentada como un gesto simbólico para incentivar el uso del euskera. A lo cual desde determinado medio y portavoces de partidos políticos han mostrado su rechazo alimentando un nuevo enfrentamiento.

No seré yo quien cuestione la necesidad de impulsar el euskera. Todo lo contrario. Constituye uno de los principales elementos que conforman nuestra identidad nacional y una lengua minorizada que necesita políticas públicas, compromiso social y espacios donde pueda desarrollarse con normalidad.

Por otro lado y en defensa de las txoznas, durante décadas han desempeñado un papel importante en el impulso de nuestra lengua. Hemos podido vivir, relacionarnos y disfrutar en euskera con absoluta normalidad. También es verdad que lo digo en tiempo pasado.

Dicho esto, convendría preguntarnos si iniciativas diversas ayudan realmente al fortalecimiento del euskera en el espacio festivo o terminan generando el efecto contrario, cuando el verdadero reto debe ser aumentar el numero de personas que deciden incorporarlo con normalidad a su vida cotidiana. El euskera necesita personas hablantes por convicción, no por necesidad.

Interesados en desacreditar las políticas de normalización lingüística aprovechan ciertas iniciativas para proseguir con su euskerafobia. Por eso el foco debe situarse en la defensa del euskera desde la utilización publica en recintos festivos.

Las lenguas no sobreviven únicamente mediante normas o símbolos. Sobreviven porque la ciudadanía las considera, cercanas y, sobre todo, emocionalmente propias. Dejando al margen las posibles oportunidades para trabajar, estudiar, crear cultura o relacionarse con naturalidad.

El euskera no de refuerza en una ventanilla de una txozna, sino con el compromiso de los consumidores de utilizarlo, aunque sea con los mínimos conocimientos adquiridos. Hay muchos términos conocidos que pueden ser usados a la hora de subirse a un autobús, por ejemplo, egunon o gabon, etc. A la hora de pedir una consumición, zurito, beltza, zuri, pintxo bat, etc. También eskerrik asko, mesedez, Kaixo, agur, on egin, eta abar

Y asi podríamos seguir con una gran cantidad de términos y vocablos. Este es el compromiso que debemos tener en el dia a dia quienes entendemos que el euskera es nuestra lengua.

Por eso, el futuro del euskera no se decidirá en una ventanilla de una txosna. Se decidirá en las familias que opten por transmitirlo a sus hijos; en las escuelas que forman nuevas generaciones bilingües; en las empresas que lo incorporan a su actividad; en los comercios que atienden con normalidad en ambas lenguas; en los medios de comunicación, en la cultura y en quienes, cada día, hacen el esfuerzo de utilizarlo, aunque todavía no lo dominen plenamente.

¿Es la mejor estrategia abrir polémicas a mayor utilización de quienes están en contra de la inmersión lingüística? Yo creo que no. El euskera necesita prestigio, ilusión, y ser compartido por cada vez mayor numero de ciudadanos.

Quienes defendemos el euskera deberíamos preguntarnos cuál es la mejor estrategia para seguir avanzando. ¿Queremos abrir nuevos espacios de encuentro o alimentar nuevas trincheras?

El euskera no necesita que la ciudadanía tenga miedo a equivocarse. Necesita exactamente lo contrario: que cada vez más personas se atrevan a utilizarlo, aunque sea con unas pocas palabras. Porque una lengua crece cuando se habla. Y se habla cuando quienes la defienden saben invitar, convencer y contagiar el deseo de usarla.

El euskera necesita ilusión. Necesita convertirse en una lengua cada vez más compartida. Pero construir un país consiste en sumar voluntades, no en levantar nuevas barreras. El reto sigue siendo el mismo de siempre: conseguir que cada vez más personas quieran vivir también en euskera. Ese objetivo exige inteligencia, pedagogía y confianza. Mucha más confianza que confrontación.

 

 


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