21 feb 2026

Del pleno al juzgado… y del juzgado al archivo. 
Cuando la estrategia judicial no supera el filtro penal

En política hay dos caminos: el debate institucional o la denuncia penal. Ambos son legítimos.

Lo que deja de ser sano para la democracia es convertir la vía judicial en una herramienta recurrente de confrontación política. Y En Euzkadi tenemos ejemplos recientes que invitan a la reflexión.

La Fiscalía de Álava ha archivado la denuncia presentada por EH Bildu contra el alcalde de Laguardia (PNV) al no apreciar indicios constitutivos de delito. Y no, no hablamos de matices técnicos. Hablamos de que el Ministerio Fiscal concluye que no existe base penal suficiente.

El titular fue inmediato y el archivo discreto

Uno de los casos más mediáticos de la última década ha sido el Caso Bidegi/AP1 (Gipuzkoa)

Acusaciones graves interpuestas por la misma formación política, EH BIldu,  como Malversación. Pagos irregulares. Sobrecostes en obra pública.

Años de titulares. Y años de desgaste reputacional

Sobreseimientos y autos que reiteran la inexistencia de delito en determinadas actuaciones, con rechazo de recursos.

La justicia dictaminó, y el relato penal no prosperó

Y no, no es un caso aislado. Son diversos y con la misma finalidad

  1. Se judicializa el conflicto político.
  2. Se formulan acusaciones de alto impacto penal.
  3. Se genera sospecha pública.
  4. El procedimiento termina archivado o sobreseído.

Archivar no es absolver tras juicio. pero sí significa que no hay indicios suficientes para sostener la acusación penal.

Y aquí surge una cuestión democrática relevante:

En ninguno de estos casos ha habido retractación pública, disculpas o petición de perdón por parte de quien promovió la denuncia.

Cuando la acusación se lanza, se hace con contundencia, pero cuando el archivo llega, el silencio es ensordecedor

Denunciar es legítimo, y rectificar también debería serlo.

La denuncia penal es un instrumento serio del Estado de Derecho. Y No puede convertirse en un atajo político.

Si la justicia no confirma el relato, lo mínimo exigible en términos éticos es asumirlo públicamente.

La maniobra es de sobra conocida:

  • Se lanza la sospecha.
  • Se obtiene el titular.
  • Se produce el desgaste.
  • Y cuando el juzgado archiva… no hay autocrítica.

Laguardia y Bidegi evidencian algo más profundo que simples autos judiciales.

La política no puede sustituir al juez. Y cuando el juez no valida la acusación, el silencio no puede sustituir a la responsabilidad.

La credibilidad institucional exige coherencia. Y Quien denuncia debe asumir también las consecuencias cuando la justicia no le da la razón.

La mera sospecha, o denuncia, se antepone a la presunción de inocencia, y lo vemos en casos de reciente actualidad, se convierte en arma política sin responsabilidades posteriores en caso de fallos judiciales en contra de los denunciantes

Quien asume el coste personal, profesional o político infringido por este tipo de actuaciones??

La justicia está para perseguir delitos. No para sostener estrategias.


No hay comentarios: