3 ago 2026

Externalizar la frontera: La trampa estratégica de la Unión Europea (I)

La crisis migratoria que ha tenido como epicentro Ceuta, ha destapado una política europea errónea y errática, basándose en una premisa, tan débil como frágil, que se basa en creer que delegar la custodia de sus fronteras a terceros países, disfrazando de “cooperación al desarrollo” las transferencias de recursos o asignaciones económicas, sería la panacea al control de los movimientos migratorios.

Según datos disponibles, el volumen asignado a este modelo no es baladí. Solo dentro del presupuesto plurianual europeo y de los paquetes de asistencia bilateral, la UE acordó paquetes de cooperación con Marruecos de más de 624 millones de euros, destinados en gran medida a la gestión de fronteras y la contención del tráfico irregular. A esto se suman las subvenciones directas aprobadas por España, que acumula más de 120 millones de euros concedidos a Marruecos a fondo perdido para despliegues policiales y vigilancia en las inmediaciones de Ceuta, Melilla y la costa atlántica.

Pero los informes del Consejo de la Unión Europea sobre flujos migratorios demuestran que la efectividad de este desembolso depende enteramente de la coyuntura política. Estos tratados o convenios con países como Marruecos, no garantizan un control absoluto de las fronteras respectivas, sino que otorga una herramienta geopolítica de indudable valor que dispone de ella en función o al albur de sus necesidades políticas o ambiciones territoriales. Pudiendo abrir o cerrar el grifo en función de renegociaciones de fondos cuando entienden que ya no son suficientes.

Recordemos que Ceuta y Melilla componen parte de la frontera sur europea, y que la cesión, aunque sea temporal, de su soberanía sitúa a Europa en una posición permanente de vulnerabilidad. Cada vez que la UE intenta exigir el cumplimiento estricto de los derechos humanos o condicionar las partidas financieras, la amenaza velada de levantar la presión policial en las vallas o en las costas de salida desactiva cualquier firmeza diplomática.

En el caso que nos ocupa, Ceuta y Melilla, cada vez que la política exterior española no es del agrado de las autoridades de Marruecos, la amenaza de iniciar represalias usando a su población como herramienta de presión, es latente y evidente. Sin que la vida de sus ciudadanos, de sus jóvenes tenga mayor valor que veleidades políticas.

El nuevo marco del Pacto de Migración y Asilo de la UE insiste en profundizar en estos acuerdos de contención previa e identificación rápida en origen, perpetuando una paradoja peligrosa: Europa no ha resuelto la gestión de sus fronteras; simplemente ha entregado la llave de la puerta europea a despachos ajenos. Marruecos ha demostrado que comprar seguridad y/o estabilidad mediante una hipoteca política permanente no es la solución

Mientras Bruselas no asuma la gestión directa, legal y comunitaria de sus propios límites, la política migratoria del continente seguirá dependiendo de la voluntad, la agenda y el chantaje de despachos ajenos

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