Externalizar la frontera: La trampa estratégica de la Unión Europea (I)La crisis migratoria que ha tenido como epicentro Ceuta, ha destapado una política
europea errónea y errática, basándose en una premisa, tan débil como frágil,
que se basa en creer que delegar la custodia de sus fronteras a terceros países,
disfrazando de “cooperación al desarrollo” las transferencias de recursos o
asignaciones económicas, sería la panacea al control de los movimientos
migratorios.
Según datos disponibles, el volumen asignado a este modelo no es baladí.
Solo dentro del presupuesto plurianual europeo y de los paquetes de asistencia
bilateral, la UE acordó paquetes de cooperación
con Marruecos de más de 624 millones de euros,
destinados en gran medida a la gestión de fronteras y la contención del tráfico
irregular. A esto se suman las subvenciones directas aprobadas por España, que
acumula más de 120 millones de
euros concedidos a Marruecos a fondo
perdido para despliegues policiales y vigilancia en las inmediaciones de Ceuta,
Melilla y la costa atlántica.
Pero los informes del Consejo de la Unión
Europea sobre flujos migratorios demuestran
que la efectividad de este desembolso depende enteramente de la coyuntura
política. Estos tratados o convenios con países como Marruecos, no garantizan
un control absoluto de las fronteras respectivas, sino que otorga una
herramienta geopolítica de indudable valor que dispone de ella en función o al
albur de sus necesidades políticas o ambiciones territoriales. Pudiendo abrir o
cerrar el grifo en función de renegociaciones de fondos cuando entienden que ya
no son suficientes.
Recordemos que Ceuta y Melilla componen parte de la frontera sur europea, y
que la cesión, aunque sea temporal, de su soberanía sitúa a Europa en una posición
permanente de vulnerabilidad. Cada vez que la UE intenta exigir el cumplimiento
estricto de los derechos humanos o condicionar las partidas financieras, la
amenaza velada de levantar la presión policial en las vallas o en las costas de
salida desactiva cualquier firmeza diplomática.
En el caso que nos ocupa, Ceuta y Melilla, cada vez que la política exterior
española no es del agrado de las autoridades de Marruecos, la amenaza de
iniciar represalias usando a su población como herramienta de presión, es
latente y evidente. Sin que la vida de sus ciudadanos, de sus jóvenes tenga
mayor valor que veleidades políticas.
El nuevo marco del Pacto de Migración y
Asilo de la UE insiste en profundizar en
estos acuerdos de contención previa e identificación rápida en origen,
perpetuando una paradoja peligrosa: Europa no ha resuelto la gestión de sus
fronteras; simplemente ha entregado la llave de la puerta europea a despachos
ajenos. Marruecos ha demostrado que comprar seguridad y/o estabilidad mediante
una hipoteca política permanente no es la solución
Mientras Bruselas no asuma la gestión directa, legal y
comunitaria de sus propios límites, la política migratoria del continente
seguirá dependiendo de la voluntad, la agenda y el chantaje de despachos ajenos
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