4 ago 2026

Ceuta, Melilla y el triángulo geopolítico: Rabat, Washington y Bruselas (II)

En lineal con el anterior artículo de opinión, vamos a analizar la posición de Ceuta y Melilla, no ya desde únicamente de las periódicas crisis migratorias, sino de su posición en una partida de ajedrez geopolítica donde Marruecos aplica una estrategia deliberada de lo que se viene a llamar “zona gris”.

Medios de comunicación marroquíes califican a ambas ciudades españolas, como "presidios coloniales" o territorios pendientes de recuperación. Ha sido y es una constante en la política exterior marroquí, pero la correlación de fuerzas ha dado un vuelco decisivo a favor del Reino Magrebí gracias a su articulación diplomática con Washington y Tel Aviv.

La historia nos enseña que esta relación no es fruto casual, sin que en enraíza en la diplomacia histórica. En 1777, el Sultanato (bajo el reinado de Sidi Mohammed III) permitió la libre entrada de los buques de la joven república norteamericana en los puertos bajo su dominio, lo que condujo a la firma del Tratado de Paz y Amistad de 1786, el acuerdo bilateral ininterrumpido más antiguo en la historia diplomática de Washington.

Esta sintonía se consolidó institucionalmente en 2004 con la concesión del estatus de Aliado Mayor No-OTAN (Major Non-NATO Ally o MNNA, por sus siglas en inglés). Es una designación oficial que otorga el Gobierno de Estados Unidos a países aliados que no forman parte de la OTAN pero con los que mantiene una cooperación militar, de inteligencia y estratégica de primer nivel.

El punto de inflexión definitivo de la era reciente se fraguó en diciembre de 2020 con los Acuerdos de Abraham. Mediante esta red de pactos de normalización diplomática entre países árabes e Israel, Rabat obtuvo de Washington el reconocimiento formal de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio del restablecimiento de relaciones con Tel Aviv.

Aunque los primeros Acuerdos de Abraham se firmaron meses antes (septiembre de 2020) entre Israel, Emiratos Árabes Unidos y Baréin, el 10 de diciembre de 2020 se produjo el acuerdo a tres bandas impulsado por la Casa Blanca que involucró directamente a Marruecos y cuyas consecuencias son:

La Proclamación de EE. UU. sobre el Sáhara: El presidente de Estados Unidos (Donald Trump) firmó una proclamación oficial por la que EE. UU. reconocía formalmente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Fue el primer país del P5 (miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU) en dar este paso decisivo.

Reanudación de relaciones con Israel: A cambio, Marruecos acordó la normalización y reanudación inmediata de relaciones diplomáticas plenas con el Estado de Israel, reabriendo oficinas de enlace en Tel Aviv y Rabat.

El impulso tecnológico y defensivo: Este pacto derivó en la firma de acuerdos históricos entre Tel Aviv y Rabat en 2021, permitiendo a Marruecos acceder a drones de última generación, sistemas de defensa antiaérea e inteligencia cibersegura.

Con esta alianza Marruecos se ha dotado de un blindaje geopolítico y tecnológico, mediante una cobertura geopolítica y tecnológica sin precedentes, materializada en la adquisición de armamento de última generación y en acuerdos de cooperación militar y ciberseguridad con Israel

Contar con un activo de inteligencia prioritario para la arquitectura de seguridad norteamericana en el Norte de África supone reducir a la mínima expresión el margen de la Unión Europea para imponer sanciones o exigir contrapartidas a Rabat en materia fronteriza.

Pero además, los Acuerdos de Abraham no solo reforzaron a Marruecos frente a EE. UU., sino que rompieron el equilibrio con Argelia (provocando el cierre del gasoducto Magreb-Europa). Esto dejó a España atrapada en una pinza diplomática donde cualquier movimiento hacia Rabat tensionaban la relación energética con Argel.

En este tablero, España y la UE chocan además con el histórico vacío defensivo de la Alianza Atlántica. El redactado del Artículo 6 del Tratado de Washington delimita el ámbito geográfico de cobertura defensiva de la OTAN a Europa, Norteamérica y las islas situadas al norte del Trópico de Cáncer, asi como las islas Canarias, pero dejando a las dos ciudades autónomas españolas ubicadas en el continente africano fuera del paraguas explícito del Artículo 5 sobre defensa colectiva. Aunque en el Concepto Estratégico de la Cumbre de la OTAN de Madrid se introdujo la premisa de defender la integridad territorial de "todos los aliados", el texto formal del tratado se mantiene inalterado.

Asimismo, frente a tácticas como el cierre unilateral de la aduana comercial de Melilla o episodios de presión como la crisis migratoria de Ceuta, la doctrina de la Alianza no prevé la activación de mecanismos de respuesta ante maniobras por debajo del umbral del conflicto armado. Mientras el espacio comunitario prefiera mirar hacia otro lado ante este limbo de seguridad, la estabilidad de las plazas españolas continuará subordinada a la agenda estratégica de Rabat y a su blindaje tras los Acuerdos de Abraham

 

 


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