El muro antifascista de Otegi y el peso de la memoria
Si hace hace poco denunciamos la apropiación por parte de Otegi del legado del Lehendakari José Antonio Aguirre nuevamente, tenemos otro capítulo más dentro
de una campaña electoral, que no ha cesado desde que perdió las elecciones de 2024,
y vuelve a situar el debate en torno al "fascismo" y plantea un "muro antifascista" inspirado en el Cinturón de Hierro de 1936 para hacer frente al avance de PP y Vox
Escuchar a Arnaldo Otegi erigirse en el
adalid, el referente del antifascismo, presentando a EH Bildu como el muro
frente al autoritarismo, es absolutamente indignante. El debate no se basa en
defender la democracia de cualquier deriva extremista, sino en la credibilidad
del mensaje y del mensajero. De quien durante años justificó o no condenó de
forma inequívoca la violencia de ETA, que pretendía imponer por la violencia un
proyecto político que negaba la libertad del diferente.
De quienes hicieron caso omiso de aquella reflexión de Pablo Castellanos “Por
una idea se puede morir, pero no matar por ella”.
A la vez resulta paradójico que
reivindique el Cinturón de Hierro, que costó la vida de miles de gudaris,
cientos heridos, etc.etc. Gudaris que dieron su vida por defender Bilbao. Un
gobierno de concentración presidido por el lehendakari Jose Antonio Aguirre, que
defendió la democracia frente a quienes pretendían destruirla por las armas.
Décadas después de aquel Gobierno 1.936,
una parte de la izquierda abertzale opto por otra forma de imposición violenta
de su ideario, justificando el terrorismo como herramienta política. Es contradictorio
hoy utilizar aquel símbolo histórico sin afrontar previamente las responsabilidades
políticas derivadas del apoyo o justificación de la violencia
Y cito la palabra electoral, ya que
estas proclamas coinciden con el inicio el ciclo electoral del 2027. Convocando
manifestaciones en noviembre de este año. ¿Y, porqué no antes? ¿¿Y porque no
hace diez años?? ¿Y porque no hace veinte años?
Retorica basada en levantar muros
frente al “fascismo”, casualmente cuando EH Bildu intenta ampliar su espacio
electoral, presentándose como una fuerza moderada y transversal. Por ello
describo estas soflamas, no como cambios ideológicos profundos, sino como
estrategias de marketing político dirigida, como antes citaba, a ensanchar su
base electoral
Habrá quienes, por emplear adjetivos
amables, caigan en el engaño. La historia ya nos ha dado unas cuantas lecciones
para no dejarnos engatusar por cantos de sirena
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