15 may 2026

45 años después, todavía intentan presentar el autogobierno vasco como un privilegio

45 años después de la recuperación del Concierto Económico, el Gobierno Vasco reconoce algo que muchos llevamos tiempo viendo con claridad: fuera de Euzkadi se ha instalado un relato profundamente distorsionado sobre el sistema foral vasco.

La noticia publicada estos días lo admite sin rodeos. Según el estudio encargado por el propio Ejecutivo vasco, apenas un pequeño porcentaje de ciudadanos del Estado conoce realmente cómo funciona el Concierto Económico, mientras que una parte importante lo asocia a conceptos como “privilegio”, “insolidaridad” o “trato de favor”.

Y ahí está precisamente el problema.

Durante años se ha permitido que determinados discursos políticos y mediáticos construyan una caricatura interesada del autogobierno vasco. Un relato simplista que intenta presentar el sistema foral como una especie de concesión arbitraria del Estado a Euzkadi, cuando la realidad es exactamente la contraria.

En fechas anteriores intentamos hacer un poco de pedagogía sobre el Concierto Económico

El Concierto Económico no consiste en recibir más dinero. Consiste en asumir más responsabilidad.

Euzkadi recauda sus propios impuestos. Euzkadi responde de su economía. Euzkadi asume íntegramente el riesgo de su recaudación. Y Euzkadi, además, aporta al Estado mediante el Cupo para financiar las competencias no transferidas.

Es decir: si la economía va mal, aquí no hay un “papá Estado” cubriendo automáticamente el agujero.

Y esa diferencia es fundamental.

Mientras otras comunidades viven instaladas en un sistema donde el déficit, la deuda o el rescate permanente terminan diluyéndose en el conjunto estatal, el modelo vasco obliga a gestionar con responsabilidad real. Recaudar aquí. Administrar aquí. Responder aquí.

Por eso molesta.

Porque el verdadero problema para ciertos sectores políticos no es el Concierto Económico en sí. El verdadero problema es que Euzkadi ha demostrado durante décadas que un modelo basado en autogobierno, cercanía institucional y responsabilidad fiscal puede funcionar mejor que el modelo centralizado que algunos pretenden imponer como único válido.

Y eso desmonta demasiados discursos.

Resulta especialmente revelador que los ataques al sistema foral reaparezcan siempre en los mismos momentos: cuando Euzkadi mantiene mejores indicadores industriales, o cuando resiste mejor determinadas crisis, o cuando conserva una mayor capacidad de inversión pública, o cuando logra acuerdos estratégicos gracias a su capacidad financiera propia.

Entonces aparecen las mismas palabras de siempre: “privilegio”, “insolidaridad”, “agravio”.

Pero curiosamente nunca se habla de privilegio cuando Euzkadi aporta más al Estado de lo que recibe. Nunca se habla de insolidaridad cuando la industria vasca sostiene miles de empleos y contribuye decisivamente al conjunto de la economía estatal. Nunca se habla de agravio cuando aquí se asume el coste político y económico de gestionar directamente los ingresos públicos.

La realidad histórica, además, desmonta completamente el relato victimista que algunos intentan construir.

El sistema foral no fue un regalo. Fue un derecho histórico recortado, perseguido y parcialmente eliminado durante décadas. Bizkaia y Gipuzkoa llegaron incluso a perder sus conciertos económicos tras la Guerra Civil por decisión del franquismo, precisamente como castigo político.

Lo recuperado con el Estatuto de Gernika no fue un privilegio nuevo, sino la restauración parcial de una tradición histórica de autogobierno fiscal profundamente arraigada en este país.

Por eso sorprende que el Gobierno Vasco descubra ahora la necesidad de “explicar” el modelo.

La pedagogía llega tarde.

Durante demasiado tiempo se ha permitido que otros escribieran el relato sobre Euzkadi fuera de Euzkadi. Durante demasiado tiempo se ha reaccionado con silencio ante campañas políticas que buscaban erosionar cualquier singularidad vasca. Durante demasiado tiempo se ha dado por hecho que la realidad se defendía sola.

En política, quien no explica, pierde el relato.

Defender el Concierto Económico no es defender un privilegio. Es defender una manera distinta de entender la responsabilidad institucional, la gestión pública y el autogobierno.


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